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La sombra de Nisman y el imposible diálogo con un muerto

La lógica argumental de Cristina y los K fue preguntarle al fiscal, una vez que había fallecido, por qué interrumpió las vacaciones; atribuir el tema a una guerra de espías, que el Gobierno debe controlar; y la tradicional adjudicación de culpas a los medios.

21 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
La sombra de Nisman y el imposible diálogo con un muerto

La sombra de Alberto Nisman va a oscurecer a la Argentina por largo tiempo. Y la gestión de Cristina Fernández deberá convivir con esa penumbra en los menos de 11 meses que le quedan.El impacto político de la muerte del fiscal especial del caso Amia, que cuatro días antes había acusado a la Presidenta, su canciller y dirigentes oficialistas de encubrimiento de un atentado terrorista, se prolongará en el tiempo y le exigirá al kirchnerismo la sagacidad de sus mejores épocas para lograr una fuga hacia adelante.Pero está claro que estos no parecen ser los mejores tiempos. El kirchnerismo ha demostrado una enorme capacidad de absorción de las derrotas y las ha sabido superar, pero como nunca antes, el final ahora sí está cerca y la continuidad pura del proyecto aparece como una quimera, al menos por ahora.De ahí que pueda interpretarse el desconcierto oficial ante esta confusa y truculenta situación, que se da sobre el singular escenario de una de las más complejas situaciones que vivió el país en su historia democrática: un atentado terrorista jamás esclarecido y plagado de complicidades, intrigas e encubrimientos de altos estamentos del poder durante dos décadas. Preguntas y no respuestas Con la Presidenta a la cabeza, el oficialismo decidió defenderse preguntando, cuando su rol debe ser el de responder. Pero lo más grave es que empezó preguntándole a un muerto, lo que da una clara idea de hasta dónde puede ser esclarecedor el diálogo propuesto desde el poder.La consulta K más repetida es por qué Nisman, fiscal especial del caso Amia, interrumpió sus vacaciones en Europa, dejó a su hija en un aeropuerto a la espera de su madre y llegó a la Argentina para hacer una presentación en plena feria judicial con gravísimas acusaciones. Pongamos que sea válida la inquietud oficialista; ahora bien, recién fue formulada con Nisman caído en un charco de sangre.La acusación del fiscal fue formulada un miércoles. Y hasta el lunes, nadie se acordó de la interrupción del descanso.La otra pregunta al muerto es sobre su relación con los servicios de inteligencia. Se lo culpa a Nisman de ser dirigido por espías en vez de dirigirlos él para llevar adelante las complejas pericias. Volvamos a dar por válida esa premisa y la que el kirchnerismo más defiende sobre "la guerra de espías y servicios", no sin antes recordar que la responsabilidad de conducir, hacer funcionar y acotar los servicios de inteligencia es nada más ni nada menos que del Gobierno nacional.El Ejecutivo ha admitido, en sus confesiones posmuerte de Nisman, su incapacidad de control de esos servicios después de apenas 11 años y nueve meses de gestión. Hace menos de un mes, se hizo una purga en la ex-Side. No hubo una sola línea ni consideración de ningún integrante del Ejecutivo sobre la peligrosidad que implicaban esos cambios. Lo dicen ahora. Recién ahora, sobre un cadáver que no nos va a explicar su relación con esos espías que le habían presentado allá lejos y hace tiempo cuando el propio Néstor Kirchner lo designó como fiscal especial del caso Amia.El tercer punto de la reacción K ante una de las situaciones más complejas que debió enfrentar es el más remanido: la conspiración mediática. De 2008 hasta acá prácticamente nada de lo que no le gusta al Gobierno que ocurra ha tenido otro responsable que la corporación de medios, tanto sus propietarios como sus empleados y sus dóciles adoctrinadas audiencias. Desde que faltan tampones hasta que un fiscal que denuncia a la Presidenta aparece muerto. Todo es culpa de los medios, en una lógica oficial que se ha desgastado por una razón sencilla: la repetición sistemática.Toda esta lógica discursiva de intentar interpelar a un muerto y de elegir los mismos culpables para todo puede servir para cerrar puertas hacia adentro. Sin dudas, los seguidores del oficialismo tienen sus argumentos para reforzar pertenencia.Pero el tema es que mucha gente queda afuera, un puñado de ellos salió antenoche a las calles. Y por minimizado que sea, no se trata de un hecho político menor.La movilización que planea la comunidad judía para hoy también deberá apuntarse como otro dato político a tener en cuenta.La sombra ha llegado para quedarse.