La semana fatal de Mestre
Si el transporte es la prioridad de la gestión, es inquietante pensar cómo se están gestionando las restantes áreas del municipio.
Hizo del transporte urbano su principal apuesta, avanzó en un nuevo esquema empresario y logró que incorporen unidades por anticipado. Replanteó corredores, sumó nuevos recorridos y generó grandes expectativas –también las construyó para sí a nivel político–, pero falló hasta el absurdo en la implementación de esos cambios a los que ató la suerte de su gestión. La que pasó fue la peor semana de Ramón Mestre en la Municipalidad de Córdoba. El costo político de la decepción siempre es alto, y la cuesta que deberán remontar el nuevo sistema de transporte y los responsables de su puesta en marcha es muy empinada. Bien puede explicarlo Germán Kammerath. Decenas de miles de personas batieron récords de impotencia e indignación por un cóctel de improvisación oficial, irresponsabilidad empresaria y desinformación, acompañado por un aumento tarifario del 29 por ciento. No se notó casi ninguno de los beneficios prometidos por el nuevo sistema –se sumaron menos unidades que las prometidas, las frecuencias fueron desastrosas y las tarifas combinadas no operaron correctamente– y el descuido llegó al punto de que en muchos barrios era casi imposible saber dónde pararían los colectivos. Para colaborar, la empresa Ciudad de Córdoba sacó a la calle unidades impresentables y sus choferes primero sabotearon con asambleas, para derivar desde ayer en un paro total que iba a ser por falta de pago, pero, como cobraron, fue por "maltrato" de los usuarios. Sugestivamente, hasta anoche, al paro se sumó el Ministerio de Trabajo de la Provincia, del mismo modo en que a las protestas de los pasajeros se colaron activistas políticos. Si cualquier transformación en el sistema de movilidad urbana es complejo, y la proverbial resistencia de Córdoba a los cambios anticipaba como un gran desafío el esquema propuesto por Mestre, lo que se vivió la semana pasada redujo las chances de ese sistema, que ahora tendrá que dar una dura batalla contra el descrédito. El daño político no termina ahí. Si el transporte es la prioridad de la gestión municipal y el cambio de sistema es la gran apuesta, es inquietante pensar cómo se están gestionando las restantes áreas del municipio. Y todavía hay más para la semana fatal: la investigación judicial sobre el escándalo de la financiera CBI incluye a la Municipalidad de Córdoba, a las autoridades de Transporte –las actuales y las anteriores– y al dinero que los pasajeros entregan por anticipado para poder viajar. Hiere la sola sospecha de que se haya urdido un negocio financiero sobre los recursos que la población más pobre deposita en la tarjeta del colectivo (antes, en el cospel). Por ello, es imperioso demostrar que lo que llegó al expediente es falso.

