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La seguridad, un barco a la deriva

En la Policía, la situación nunca es ni será buena. Jamás. Siempre están latentes la inseguridad, el narcotráfico, el cuestionado Código de Faltas, los episodios criminales de los uniformados, los malos sueldos, etcétera.

10 de diciembre de 2013 a las 01:47 p. m.
La seguridad, un barco a la deriva

A  sus 49 años, Julio César Suárez se convirtió en el cuarto jefe de la Policía de Córdoba en un año. Decir que viene a bailar con la más fea es una perogrullada. Llega a suplantar a César Almada, quien fue desplazado de la Policía luego de que la Capital quedara librada a su suerte, con uniformados acuartelados y con turbas de ladrones sueltas en las calles (ver Al asumir, el nuevo jefe de la Policía criticó el acuartelamiento).

Almada había asumido en septiembre último, luego de que Ramón Frías dejara su cargo por el narcoescándalo que explotó en las narices del Gobierno y derivó en la detención de varios oficiales. Frías, a su vez, había llegado a la Policía el 28 de diciembre de 2012, en reemplazo de Sergio Comugnaro, quien fue removido por problemas personales y porque nunca había terminado de ponerse del todo el traje de jefe, ante la sombra de Alejo Paredes, por entonces ministro de Seguridad.En la Policía, la situación nunca es ni será buena. Jamás. Siempre están latentes la inseguridad, el narcotráfico, el cuestionado Código de Faltas, los episodios criminales de los uniformados, los malos sueldos, etcétera.Suárez no dijo nada nuevo. Repitió lo enunciado tres meses atrás por Almada. Reiteró que hay que trabajar, que la Policía debe recobrar la confianza, y el vecino tiene que ayudar.El nuevo jefe no asume con todo el apoyo puertas adentro. Y sabe que es un fusible. Llega con el desafío de que el vecino vuelva a creer en el uniforme azul. La misma fuerza que dejó a los ciudadanos sin protección en los saqueos.El puesto es político y Suárez debe reportar ante el nuevo jefe de Seguridad, por ahora el ministro Walter Saieg. ¿Qué decir de los responsables de esa área? Por un lado, está visto que el marketing de la seguridad no condujo a nada. Por otro lado, la improvisación reina. Los ministros técnicos no funcionaron: Alejo Paredes fue echado por el narcoescándalo, Alejandra Monteoliva fue borrada por el desborde policial. ¿Qué pasó con los anteriores? Sin las más mínimas preparaciones para seguridad, pasaron con más penas que logros: Carlos Caserio, Carlos Massei, Sergio Busso, Alberto Bertea, Carlos Alesandri... Hoy, De la Sota confía otra vez en un político y amigo como Saieg. Habrá que esperar que el marketing y la improvisación no nos dejen a la deriva.