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La pérdida del valor

De la inflación al borde del colapso, se habla menos. Es como la política en la frase de López.

15 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
La pérdida del valor

La plata es de la política. La frase pronunciada por José López ante la Justicia revela como pocas el núcleo de un escándalo. Durante una docena de años, el poder martilló en los oídos argentinos que venía a recuperar el espacio de la política, desterrada a los suburbios de la vida pública por los tecnócratas liberales.En torno de esa consigna, se movilizaron miles de jóvenes que se identificaron a sí mismos como soldados del matrimonio pingüino. Que lideraba esa recuperación de la política, sin la cual ningún proceso de transformación social sería viable, ni la democracia sería legítima, ni participativa, ni de alta intensidad.López revistaba en la oficialía privilegiada de esa lucha revolucionaria. Administraba –ni más ni menos– el presupuesto nacional de la obra pública. Es decir: el dinero que se aplicaría en beneficio de todos y todas. Manejaba, en el mejor de los sentidos, la plata de la política.Como la plata terminó en los bolsitos de López, la frase quedó desteñida de esa épica transformadora y regresó a su más prosaico sentido original. De la revolución al robo.¿Era López un salteador de caminos, un saqueador aislado en la planicie ética del gobierno nacional y popular? Dice Lázaro Báez, el empresario preferido de aquel ministerio de Obras Públicas, que no. Que sobre el sistema de administración que derivó en esos desvíos de fondos durante la gestión anterior convendría preguntarle a Cristina Fernández de Kirchner.Pese al alto voltaje de la frase de López –que destrozó con un par de bolsos y una declaración sencilla el fárrago filosófico de una veintena de cartas abiertas–, lo que dijo el exfuncionario fue escandaloso, pero no sorpresivo.Acaso porque mucho antes de su declaración, el valor de aquellas declamaciones épicas sobre la restauración de la política ya venía en caída libre. Otras devaluaciones No es el único anclaje discursivo que está en revisión.¿La defensa de los derechos humanos, por ejemplo, incluye desairar una citación judicial en una causa por defraudación?¿La regresiva declaración de Macri sobre el terrorismo de Estado legitima la violencia verbal que lo describe como una basura de la misma calaña que la última dictadura argentina? ¿Habilita el apedreo a un presidente?Durante 12 años, el discurso de la lucha por Justicia para las víctimas del terrorismo de Estado viró en algunos casos a la reivindicación explícita de las posiciones políticas de algunas de ellas. Y ahora parece tentado a subsumirse en la imitación de sus métodos.Ambas derivaciones son una involución conceptual. Optan a sabiendas por desconocer el carácter genérico y abarcativo que tiene la defensa de la condición humana, antes y más allá de cualquier ideología. Unidad de medida No convendría hacer interpretaciones economicistas sobre estas devaluaciones simbólicas. Aunque es constatable que coinciden con la pérdida de la noción de valor en la que navega la economía. Que la moneda, unidad de medida para todas las transacciones económicas de la vida social, ya se haya degradado en más de un 30 por ciento en lo que va del año pone a la vida colectiva en un sitio muy riesgoso.La inquietud del presidente Mauricio Macri por la fangosa situación en la que quedó el sinceramiento tarifario tiene sobrados motivos. Ese ajuste es muy probablemente el único de envergadura que hizo para contener la inflación.Los precios apenas están bajando con tibieza. El empleo se torna más precario y la pobreza, en consecuencia, tiende a aumentar. La virulencia opositora crece y el Gobierno se asoma a los temores del nuevo año electoral.Pero el dato más llamativo es que el eje de la discusión social no es la inflación, sino las tarifas. Como si la inédita abolición del pago de los servicios públicos no fuese a tener ningún impacto en el desfinanciamiento del Estado, en el esquema de precios relativos y, en definitiva, en la góndola donde se arma la mesa de los argentinos.Los errores de instrumentación oficiales ya están a la vista. El ministro Juan José Aranguren irá mañana a la leonera. Pero el ajuste es necesario igual. El resto es discusión en la tubería.De la inflación al borde del colapso, se habla menos. Es como la política en la frase de López. Un lugar conocido, de donde van y vienen los bolsos. Todos sabemos bien de quién era la plata.Pero nadie levanta la mano para ponerle el nombre.