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La paz que no entregó el triunfo

Necesitamos dos años en paz. Fue la consigna del gobernador José Manuel de la Sota, transmitida a parte de sus colaboradores más cercanos, antes y después del resultado del domingo a la noche.

30 de octubre de 2013 a las 02:00 p. m.
La paz que no entregó el triunfo

Necesitamos dos años en paz. Fue la consigna del gobernador José Manuel de la Sota, transmitida a parte de sus colaboradores más cercanos, antes y después del resultado del domingo a la noche. Por eso, De la Sota viene apuntando su estrategia nacional no sólo a la instalación de su figura para la carrera presidencial, en la que parece largar en desventaja, sino a conseguir oxígeno político y económico para Córdoba, porque avizora dos años complejos. Las conversaciones con su colega bonaerense, Daniel Scioli, y con otros mandatarios y dirigentes nacionales son, por el momento, la parte conocida de ese armado.Haga lo que haga, cumpla o no la expresa promesa de no buscar el cuarto mandato, De la Sota está preocupado por reducir los sobresaltos a los que se viene exponiendo su gestión. Fondos y replanteo político surgen como los elementos claves.A un gabinete que se vio diezmado por sospechas y escándalos, le vendría ahora la cirugía programada y no aquella aplicación forzada y traumática del bisturí. Un integrante del elenco ministerial, que aspira a quedarse, reconoció que las decisiones las toma el gobernador con su círculo de confianza más estrecho, integrado por colaboradores que no son funcionarios con cargos asignados.Otros anticipan que, en la reestructuración y el eventual achique de ministerios, habrá que ver señales de las preferencias del gobernador en el acomodamiento de los aspirantes a sucederlo.A De la Sota no le gustó para nada que en Córdoba y fuera de Córdoba se haya remarcado lo estrecho de la victoria de la lista que apadrinó y la pérdida del caudal de votos comparado con las primarias. En la intimidad, el gobernador dijo que su imagen positiva y la aceptación de su gestión siguen siendo altas –según las encuestas que maneja– y que, por ende, no tiene que explicar por qué cantidad de votos gana una elección.Así fue como ordenó hacer una serie de actos de festejo por el triunfo y endilgarle, al resto, que perdió la votación del domingo en Córdoba.El mensaje es que el liderazgo sigue siendo de él, más allá de que los reproches internos subieron de tono de manera ostensible en las últimas semanas. Turbulencia No son menos calmas las aguas que bajan en el radicalismo. El eufórico festejo, entrada la noche del domingo, por la provisoria obtención de tres bancas, cuya resolución debe esperar al escrutinio definitivo, no logra tapar otras realidades del resultado. La UCR casi no pudo sumar votos entre las primarias y la general, el 22 por ciento con el que logró el segundo lugar no le garantiza nada en la disputa por la Gobernación de 2015, y el triunfo en Capital se logró con un escuálido 20 por ciento. Oscar Aguad abrió el debate respecto de que la política de alianzas que se impulsa nacionalmente debe trasladarse a Córdoba, y le recomendó a Ramón Mestre ocuparse de consolidar su liderazgo en Capital. Mientras, integrantes del equipo del diputado reelecto hicieron saber que no está excluido de la disputa por la sucesión de De la Sota, lo cual cayó como una bomba en la interna partidaria.Mestre ha enviado señales en todos los sentidos: que para concretar su plan para la ciudad necesita más tiempo, lo que implicaría buscar la reelección; que el escenario provincial lo posiciona para aspirar a ser el próximo gobernador; que su buena relación con Sergio Massa lo pone en carrera para algo de tipo nacional, lo que podría implicar transitar por sendas diferentes de las que está dibujando su partido. Si De la Sota ha tenido sobresaltos en los últimos tiempos, con un partido que gobierna desde hace 14 años, Mestre no le ha ido en zaga, pero con apenas un bienio. Y la gestión que le puede servir de plataforma también corre riesgo de convertirse en el principal escollo para su futuro político.