La larga agonía de la Argentina kirchnerista
Forman parte de una elite privilegiada que marcha conduciendo el país hacia otra crisis. Saben que el impacto amortiguará en pecho ajeno.
La Cámara de Diputados de la Nación se verá obligada esta semana a admitir un par de fracasos. La apertura definitiva de un nuevo canje de deuda echará por tierra el mito del desendeudamiento exitoso. La nueva Ley de Abastecimiento confirmará la inutilidad de todas las herramientas utilizadas hasta ahora para controlar la inflación. Desde los congelamientos de prepo del flamante vaticanista Guillermo Moreno, hasta los glamorosos precios cuidados del ministro Axel Kicillof. Sin embargo, ninguna de las alternativas que el Congreso ensayará esta semana asegura que ahora el camino será mejor. Fueron infructuosas las primeras incursiones secretas de un enviado oficial a Nueva York con el objetivo de persuadir a bonistas reestructurados para que pasen a cobrar ahora por los cajeros del Banco Nación. Igual el Gobierno espera que, a medida que se acumulen los vencimientos impagos y el "crisfault" les apriete en el bolsillo, aceptarán recomenzar el diálogo para cobrar sus acreencias en la Argentina, un país con buena gente.Con los cambios en la Ley de Abastecimiento, la situación es distinta. La desconfianza con la que debe pelear el oficialismo es interna. Ni sus antiguos votantes le creen cuando declama que, esta vez sí, la inflación será derrotada poniendo un inspector en cada empresa para obligarla a trabajar a pérdida, si resulta menester. En el mejor de los casos, el Gobierno tendrá éxito en el llamado a inscripción de aspirantes a empleados públicos para esos cargos de inspección. Con el primer sueldo, saldrán corriendo a comprar dólares, bien que con la inflación nada de lo hecho hasta ahora ha dado resultado. Ya se proyecta por encima del 35 por ciento anual, aunque la actividad económica entró en recesión, se retraen las ventas y el país expulsa empleo.El peor efecto de esta corrosión lo padecen los que están en el subsuelo de la pirámide social. Los desempleados, los que trabajan en negro, los jubilados, los que sobreviven con un salario. El funcionariado (así se ha visto en sus recientes confesiones patrimoniales) ha conseguido crecer pese al viento en contra. El más curioso de los casos es el de la presidenta de la Nación, quien, aun perdiendo fortunas con la pesificación de sus depósitos en dólares, lo mismo revalorizó sus activos y protegió su patrimonio. Voceros del progresismo sostienen que es un dato escasamente relevante. Pero es probable que los reflejos morales se activen al analizar la evolución patrimonial de sus adversarios: el gobernador José Manuel De la Sota ha admitido también nuevos bienes e inversiones. Alrededor de la jefa del Estado, sólo ha reafirmado posición en estos días la corte de los milagros: el vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, y su pareja, Agustina Kämpfer. Un hombre jodón al comando del Senado, al decir de José Pablo Feinmann, el bueno. Está también el exjefe de asesores del vice, Guido Forcieri, procesado por el escándalo Ciccone. El coronel Sergio Berni y su fiel gendarme. "Ágil y sagaz como un tigre", como repetían los militares filmados por Costa-Gavras, el director setentista galardonado por Zeta. Está el juez Norberto Oyarbide, joya de la corona de Justicia Legítima, absolviendo a la mafia de los medicamentos. Los hermanos Zacarías, gestores de protocolo que por primera vez en la historia pusieron a la Rosada en el centro de una investigación por narcotráfico. Y está el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, gobernador de licencia en la próspera provincia del Chaco, para quien la pobreza ha sido erradicada en el país.Ninguno de ellos superaría un examen de credibilidad, pero a su modo han sido eficientes para aquello que el poder les encomendó: la mentira, la frivolidad, el apriete, la prevaricación, el cohecho. Axel Kicillof, de gesto severo, ha sido en cambio inepto para aquello que le encargaron: la economía.Forman parte de una elite privilegiada que marcha conduciendo el país hacia otra crisis. Saben que el impacto amortiguará en pecho ajeno. En los herederos y despojos de herederos de unas cuantas décadas de mitos mal curados.

