La hora de cambiar algo, para que algo cambie
En un par de meses, Mestre acumuló sin parar inconvenientes típicos de gestión, además de problemas políticos derivados de sospechas sobre él y sus funcionarios.
El tercer año de la gestión de Ramón Mestre, que en teoría iba a dedicarse a full a cuestiones como el transporte y la basura, para "escapar" por anticipado a las turbulencias electorales de 2015, se está empantanando en un lodo que los propios funcionarios municipales ayudaron a fabricar y que sus opositores aprovechan de manera más que conveniente.
En diciembre pasado (no hace un siglo), Mestre se solazaba con la caída en desgracia del gobernador José Manuel de la Sota y a caballo del narcoescándalo y la huelga policial, se apuraba a proclamar el “fin de ciclo” peronista.
Pero un sopapo inesperado le rozó la mandíbula: sus secretarios Juan Ostanelli (Privado), y Juan Díaz Cardeilhac (Transporte), aparecieron mencionados como actores estelares en la causa CBI, por un supuesto cobro de coimas.
Fue la primera perla de un collar que luego siguió engarzando otras desgracias: el debut con tropiezos del transporte; las denuncias penales contra Mestre por subsidios y por su viaje a Corrientes a la fiesta de Ersa junto al vice Marcelo Cossar y a Ostanelli; y ahora las sospechas sobre los secretarios Sergio Torres (Economía) y Facundo Cortés Olmedo (Gobierno).
Demasiadas manchas para un mismo tigre, y en poco tiempo. Además, desorientación: a la denuncia por Ersa, le sucedió un comunicado oficial que comunicó poco y nada; y ahora, se repitió el mutismo de Mestre.
Es regla: todo lo que el oficialismo no dice, ni aclara, se multiplica luego en boca de la gente de a pie, bajo el formato de versión. Igual, el intendente no da pistas sobre cómo intentará salir de este atolladero, ni si hará rodar cabezas en su gabinete. Pero cuando cuatro secretarios y el propio intendente y vice están en la picota, se impone echar mano al sentido común y cambiar algo, para que algo cambie.

