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La gestión antes que las relaciones

La historia muestra que el buen o mal vínculo entre el gobernador y el intendente de Córdoba no es determinante para una gestión municipal eficiente.

06 de noviembre de 2013 a las 02:00 p. m.
La gestión antes que las relaciones

Las peleas entre el gobernador y el intendente de la ciudad de Córdoba están incrustadas en la historia institucional de nuestra provincia. Tal vez, el primer intendente de Córdoba, Juan Manuel de la Serna, mantuvo en 1883 una buena relación con el gobernador Miguel Juárez Celman por la sencilla razón de que era un delegado del mandatario provincial. De ahí en adelante, la tensión siempre estuvo presente y atraviesa tres centurias. La historia democrática reciente marca que las etapas en las que el gobernador y el intendente se llevaron de mal a muy mal superan largamente a las que se llevaron de bien a muy bien.Pese a ser correligionarios, Eduardo Angeloz y Ramón Mestre padre convivieron durante ocho años con más traumas que acuerdos. Tampoco fue muy aceitada la relación de Rubén Martí tanto con Angeloz como con Mestre padre. José Manuel de la Sota y Germán Kammerath arrancaron como socios y terminaron en guerra abierta. De la Sota y Luis Juez se dedicaron a construir de manera egoísta capital político a partir de su enfrentamiento político-personal. Juan Schiaretti y Daniel Giacomino rompieron con tantos años de belicosidad entre el poder provincial y municipal, mientras que De la Sota y Ramón Mestre hijo comenzaron con un amplio acuerdo de buenas relaciones que se ha resquebrajado en los últimos meses.La enumeración apunta a constatar un elemento: el avance, el desarrollo, el progreso y la buena prestación de servicios en la ciudad de Córdoba no están directamente condicionados a la relación que tenga el intendente con el gobernador. La lógica indica que cuanto mejor se lleven, mejor les debería ir a los vecinos. Pero la historia demuestra que no es necesariamente así.Algo se rompió entre De la Sota y Mestre, y parece exceder la mera puja electoral, cerrada hace un par de semanas. A ninguno de los dos le sobró demasiado en las urnas y el escueto triunfo provincial de uno y el municipal del otro acarrearon más preocupaciones que alegrías.La inserción de ambos en el nuevo mapa político nacional no es menor. El gobernador se imagina participando del liderazgo del armado de un peronismo poskirchnerista, mientras el intendente coquetea con el armado "generacional" de Sergio Massa.Lo cierto es que esta tenida por los fondos excede largamente el tema de la discusión por el reparto de partidas en sí mismo.La señal más clara es que en la respuesta de uno de los ministros con perfil más técnico que tiene De la Sota –Ángel Elettore, de Finanzas– hubo un profundo cuestionamiento político a la gestión del intendente. Le reprochó por los semáforos, los baches y el alumbrado.Así como hace dos años se sentaron y sellaron su acuerdo de relaciones institucionales, gobernador e intendente comenzaron ayer a recomponer su relación. Mientras tanto, la demanda ciudadana no pasa tanto por la manera en que se relacionan sino por el modo en que gestionan.