La fiesta del acomodo, que nunca se termina de pagar
Todos los que entraron por la ventana del acomodo político se las ingeniaron siempre para quedarse a vivir en el Palacio 6 de Julio.
La pretensión del Suoem de que los empleados transitorios sean efectivizados no es novedosa. Tampoco sería justo decir que esa vocación se reavivó de manera repentina en los últimos días.
El 5 de septiembre de 2013, en una asamblea tan concurrida como la del pasado miércoles, el titular del gremio, Rubén Daniele, avisaba que en la ciudad iba a haber "quilombos como para hacer dulce" si Ramón Mestre no pasaba a planta a tres mil contratados y no congelaba su pretensión de concursar el ingreso al municipio. Esa amenaza abrió una trabajosa negociación de partes, que al cabo de varios meses parió tres novedades: la aceptación del Suoem de que sus defendidos rindieran examen, aunque con garantías de que ninguno de ellos se volvería a su casa; la incorporación al estatuto de los municipales de la cláusula que impide entrar a planta sin concursar, y la bifurcación de caminos administrativos, con tratamiento diferenciado para quienes ya venían desempeñándose en el municipio y quienes pugnan desde afuera por ingresar.Así fue que la gran mayoría de los contratados rindió y hasta Daniele se erigió en abanderado de esa modalidad, que antes aborrecía.Era la moneda de cambio que le pedía Mestre para liberar las efectivizaciones, cuando hubiera vacantes. Eso es lo que se está por dirimir ahora.Por cuerda separada, los aspirantes a empleados municipales vienen rindiendo, desde 2013, y en especial 2014, concursos públicos y abiertos para quedar en un orden de mérito, con la expectativa de ser convocados a trabajar cuando se tome personal. Fueron más de 50 mil los ciudadanos de a pie que pasaron por las aulas.Toda esta ingeniería, que seguramente tiene mucho más que ver con lo "posible" que con lo "deseado" por Mestre como solución al problema de los recursos humanos, viene a emprolijar lentamente el desquicio de años de incorporaciones irregulares de trabajadores al municipio.Si efectivamente se blanquean los 1.847 transitorios, todavía quedarán precarizados unos 1.200 contratados. En su caso, deberán esperar a tener dos años de antigüedad y que el municipio esté en condiciones económicas de efectivizarlos (ahí sí el salto salarial es considerable).El vaso medio lleno: hoy existen reglas más o menos claras para regularizar situaciones laborales hacia atrás y para futuros empleados.El vaso medio vacío: todos los que entraron por la ventana del acomodo político se las ingeniaron siempre para quedarse a vivir en el Palacio 6 de Julio, y no hubo intendente que pudiera cortar ese vínculo parasitario.El desafío que viene es cumplir y perfeccionar el marco legal, para que no vuelva a haber ejércitos de punteros contratados, y para que cualquier hijo de vecino pueda aspirar a un cargo municipal con el solo requisito de demostrar idoneidad. Dos criterios elementales que en la Municipalidad cuesta horrores imponer.

