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La “deuda de relato”, otra bola de nieve

El rojo de un día y medio de Kicillof equivale a la recaudación anual estimada de la tasa vial en Córdoba.

23 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La “deuda de relato”, otra bola de nieve

La repentina adhesión de Mauricio Macri al déficit desorganizado de uso partidario de Aerolíneas Argentinas llegó justo un día antes de que la empresa exhibiera una de sus semanas de mayor incompetencia. Toda una metáfora. En efecto, la oposición política, en general, y el macrismo, en particular, finalmente ingresaron hace unos meses a la Aldea Potemkin de la economía armada por el Gobierno –y amarrada con hilos tan artificiales como los de aquellos poblados de cartón piedra pensados para tranquilizar a los zares–, justo antes de que las estanterías comenzaran a crujir.La oposición terminó renunciando a ofrecer un relato alternativo al del "modelo", temerosa de encarnar el papel de desalmados heraldos del ajuste –que igualmente el kirchnerismo logra encajarle– para empezar a repetir los libretos K que, interpretan con certeza, quiere escuchar una sociedad que no está dispuesta a recibir malas noticias. Una cobardía inconducente.Las explicaciones de por qué cruje la economía quedan entonces en manos de las megabocinas del oficialismo, por un lado, y de un grupito de economistas –no oficialistas y tampoco adscriptos a la oposición–, por el otro. Los "malos" sin partido.Como la explicación del oficialismo es superficial –sólo refiere a unos pocos síntomas como el dólar blue – y conspirativa –"son los que pretenden provocar pánico", dijo ayer el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández–, la clase política en general acumula una deuda con la sociedad a la que pretende dirigir.Hoy nadie explica, en los partidos políticos, las razones de fondo por las que, entre muchas otras cosas: El exmodelo de los superávits gemelos se ha vuelto adicto al endeudamiento. Hoy Axel Kicillof volverá a pasar la gorra y tomará prestados como mínimo otros 3.000 millones de pesos al 30 por ciento anual. Es la octava colocación en el año. Viene a un ritmo de 10 mil millones de pesos al mes y creciendo, que se suman a lo que emite el Banco Central para pasárselo al Tesoro. Al despilfarro nacional le han venido faltando este año, por cada día hábil, 822 millones de pesos para cerrar sus cuentas. Nadie explica la montaña de dinero que significa: el rojo de un día y medio de Kicillof equivale a los 1.200 millones de pesos que la Provincia de Córdoba estimó recaudar durante todo 2015 por la muy conflictiva tasa vial. Por qué se sigue alentando el pensamiento mágico de que un candidato sonriente va a lograr este milagro: que alguien va a invertir un dólar –del colchón o traído de afuera– cambiándolo por 9,16 pesos y sin permiso para disponer de sus ganancias. Por qué sigue cayendo el superávit comercial –en un país que no tiene acceso a otras divisas que no sean esas–, pese al cepo, el cierre parcial de importaciones, la caída de los precios del petróleo (el Gobierno aduce la caída de los precios de los granos). Nadie sabe qué va a pasar de acá a octubre o en los primeros meses del año entrante. Pero podría darse el caso de que, llegado ese momento, ni el oficialismo ni la oposición tengan ya nada creíble para decir.