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La decisión de Cristina y el doblete del Gobierno

Todos los peronistas que llegaron al poder se han considerado más que su partido.

26 de junio de 2017 a las 12:31 a. m.
La decisión de Cristina  y el doblete del Gobierno

El interés que despertó la candidatura de la expresidenta Cristina Fernández está justificado, más allá de los disgustos de sus críticos más furiosos. Su definición era lo más importante del cierre de listas para las primarias, porque expresa –en los hechos– la principal obstrucción que tiene Mauricio Macri al frente de su gobierno.

El kirchnerismo es el único sector de la oposición con algún poder de convocatoria para coordinar acciones efectivas en el espacio público cargadas de la agresividad de aquel que desconoce la legitimidad del gobierno.

La decisión de Cristina también es relevante porque todo lo que haga impacta en el peronismo, el eje político ordenador de las acciones opositoras en el Congreso y en el ámbito sindical.

Cristina no quiso participar en las del PJ. En realidad, esta resolución de la expresidenta no es una movida novedosa en su fuerza política.

Todos los peronistas que llegaron al poder se han considerado más que su partido. Ir por afuera, en algún momento, es casi un clásico. Alguna vez lo hizo José Manuel De la Sota para desprenderse de la burocracia del peronismo derrotado por Raúl Alfonsín. De modo que Cristina y el resto del peronismo trasladan directamente al voto general la solución a sus internas.

El peronismo creó las Paso para los opositores que creen en la democracia de partidos. Es una concesión del movimiento justicialista a un grado de pluralidad acotada del sistema. Pero no aplicable al ideal político del peronismo, que persiste en la convicción de que comprende y excede al sistema.

Cristina estaba en condiciones de ganarle a Florencio Randazzo, pero si esa disputa era una simple interna violentaba esas reglas. Porque esas reglas entienden el liderazgo opositor como algo que existe siempre en relación con la voluntad general, con la totalidad del pueblo. Nunca en relación con una estructura. Obsérvese el dato: Fernando Espinosa, presidente del PJ bonaerense, competirá contra el PJ bonaerense.

Cristina no puede ceder en eso, no por una cuestión de egoísmo (que, por cierto, lo tiene y en grado extremo) como leen sus críticos, sino por una lógica implícita en su concepción del liderazgo.

¿Pierde Randazzo en esa lógica? No necesariamente. Su fortaleza es la de decir que no, dentro de la estructura. Todo lo que consiga es propio. Quedarse con el PJ no es quedarse con el peronismo, pero tampoco la estructura es un bien menor.

Sergio Massa también se fue en su momento y todavía no ha regresado. Porque disputa el mismo liderazgo. No estaba anotado porque no estaba Cristina. Es plenamente consciente de que su liderazgo opositor, su oportunidad en la general, es ganarle a Cristina. La detuvo en 2013, pero no le ganó. Ahora se juega ese partido.

Macri armó lista única. No jugó con Elisa Carrió contra Cristina porque quiere ganarle él mismo, con sus propios jugadores. Es una decisión correcta. Se ha dicho que el Gobierno polariza con ella porque eso es lo que más le conviene. En realidad, lo que más le convendría es que Cristina o los liderazgos de su estilo pasaran a ser un recuerdo. El avance del país está suspendido a la espera de que eso ocurra en las urnas.

Hay un efecto colateral que el Gobierno tiene medido: Carrió candidata en Capital es, en realidad, un doblete.

Como ya lo comprobaron con María Eugenia Vidal, esa postulación juega en el voto de la ciudad y también en el conurbano. La avenida General Paz ya no es un límite para los consumos culturales. En realidad, ya nada lo es. 
Por eso y no sólo por el peso demográfico del escenario, la batalla de Buenos Aires será una instancia clave para todo el país.

Y las Paso volverán a convertirse en una gran encuesta.

La más cara, compulsiva e innecesaria de las encuestas.