La ciudad como rehén de cada conflicto sectorial
Nadie duda de que la condición de inspector municipal implica estar expuesto al roce, a situaciones enojosas y a conflictos típicos de la ley de la selva en que suele convertirse la calle.
Nadie duda de que la condición de inspector municipal implica estar expuesto al roce, a situaciones enojosas y a conflictos típicos de la ley de la selva en que suele convertirse la calle. Justamente por eso, el contexto y los ingredientes que tuvo el cruce entre un inspector y un particular el pasado domingo (¿hubo agresiones unidireccionales o mutuas?) deberán ser dirimidos por la Justicia. Como corresponde.El punto de partida no luce como óptimo, en función de que el inspector fue demorado un día y medio, mientras que la contraparte salió en libertad de inmediato, y no parece que se hayan sopesado sus antecedentes como conductor. Pero esa situación individual no puede derivar, de ninguna manera, en un problema colectivo casi insoluble para 1,3 millones de cordobeses que ven impasibles cómo la ciudad se convirtió en un caos por la falta de controles durante los últimos tres días.Los inspectores tienen derecho a reivindicar su función, pero en los ámbitos y con modos razonables. Acuartelarse sin más y no salir a la calle no es una respuesta racional.Esta vez no demandan cuestiones económicas, ni insumos. Pero igual se les ocurrió que la única vía posible para salir del atolladero es que el intendente "baje" a esa dependencia en asamblea. Otras veces ya mostraron ese mismo poder de fuego: en agosto último, estuvieron 15 días de paro.Imaginemos por un momento que todas las reparticiones apelan a la misma lógica para dirimir sus conflictos cotidianos, y exigen que siempre comparezca Mestre. Suena a disparate. Pero en el reino del Suoem todo es posible.

