Irán, amigo por conveniencia
El Irán que hoy conocemos surgió en 1979 con la revolución islámica. Esta rebelión destronó al sha Reza Pahlevi e impuso una nueva forma de monarquía, la de los clérigos.
El Irán que hoy conocemos, gobernado por religiosos chiítas, surgió en 1979 con la revolución islámica. Esta rebelión destronó al sha Reza Pahlevi e impuso una nueva forma de monarquía, la de los clérigos. Nacía la teocracia iraní. La autoridad máxima del país es un ayatolá nombrado de por vida por una asamblea de 86 religiosos, que su vez es votada por el pueblo, pero de una lista aprobada previamente por el Consejo de los Guardianes.El ayatolá es quien designa a las autoridades políticas, judiciales y militares del país. Esto incluye confirmar al presidente (el jefe del gobierno) surgido de las elecciones. De este modo, lo que las autoridades iraníes llaman democracia es apenas una forma tutelada de votación.Los clérigos iraníes se dividen entre conservadores y reformistas. Ali Jamenei, la máxima autoridad iraní, representa a los primeros. En cuanto a los segundos, hasta ahora los que llegaron al gobierno (Mohamed Jatami y el actual presidente Hassan Ruhani) poco pudieron hacer contra un esquema de poder tan bien asegurado. Los derechos humanos Desde el comienzo de la revolución islámica el gobierno de los clérigos limitó la libertad de expresión, de opinión y de prensa. Las cárceles se llenaron de sospechosos de disidencia. La libertad de las mujeres fue severamente cercenada por la política, pero sobre todo por la Sharia, la ley islámica. La aplicación de la justicia muchas veces es arbitraria y opaca; la pena de muerte está plenamente vigente, aunque también se aplican castigos físicos como latigazos por cuestiones menores (beber alcohol, por ejemplo). Esta pena también es aplicada a los homosexuales, a pesar de que el expresidente ultra conservador Mahmud Ahmadinejad dijo una vez en Estados Unidos que en Irán no existía la homosexualidad.Si bien algunas de estas restricciones se han relajado, hay otras que se acentuaron o que no cambiaron. Por ejemplo, la limitación a la libertad de prensa y expresión ahora se extiende a Internet (existe un Consejo Supremo sobre el Ciberespacio). El gran enemigo La rivalidad con Estados Unidos es muy anterior a esto y se remonta a cuando la CIA participó del golpe que destituyó al presidente nacionalista Mohamed Mossadeq, en los '50. Después, el gobierno del sha Reza Pahlevi mantuvo estrechísimas relaciones con Washington. La revolución, y particularmente la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán ese mismo año, determinaron la ruptura de relaciones. A partir de ese momento la situación diplomática con Occidente se tensaba cada vez que Irán probaba algún misil que, según Estados Unidos, podía alcanzar a Israel y bases estadounidenses en el Golfo. O cuando se descubría la mano iraní en atentados en diferentes partes del mundo, especialmente en El Líbano, pero también en Argentina. También y de peor manera cuando impedía el ingreso al país de los funcionarios de la ONU para inspeccionar instalaciones vinculadas con la energía atómica.Precisamente la cuestión nuclear es el principal motivo de enfrentamiento de Irán con los países occidentales. Europa y Estados Unidos acusan a Teherán de producir uranio enriquecido para fabricar armas nucleares, y este responde que necesita esa energía para uso doméstico. La persistencia de Irán en impedir el acceso a las instalaciones de producción de energía nuclear sirvió de argumento para una serie de sanciones internacionales que impiden a ese país el aprovechamiento de su potencial exportador de petróleo, el acceso a financiamiento internacional y a sus propios capitales y bienes en el exterior. Con la llegada al gobierno de Hassan Ruhani, elegido en junio de 2013, los clérigos dieron un giro a la situación. El nuevo presidente, al asumir, dio un discurso en el que prometió avances en el tema de las libertades individuales. Todavía no se han concretado, pero fue el acuse de recibo del efecto de las sanciones.Pocos meses después, en octubre, se alcanzaba en Ginebra el acuerdo con Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, China y Rusia. No alcanzó para ser sacado de la lista de estados parias, pero es un comienzo.Irán y Estados Unidos tienen aliados incompatibles entre sí. El primero apoya a Hamas, Hizbollah y al régimen sirio, mientras que Washington es incondicional de Israel, la autocracia saudí y los demás emiratos del Golfo. Sin embargo, ambos comparten su mala opinión sobre el Estado Islámico y Al Qaeda. Y no hay nada de lo que no se pueda hablar, como quedó demostrado. El amigo latinoamericano Durante los últimos años de ese período de ostracismo, la diplomacia persa logró tejer relaciones con otros países además de los más cercanos en su región y de mantener algunos lazos comerciales con Europa. Es lo que sucedió con Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, por ejemplo. La alianza con Irán, que duró unos ocho años y tuvo resultados irrelevantes para los latinoamericanos, se desactivó luego de la muerte de Hugo Chávez, en marzo de 2013, cuando empezaban a soplar mejores vientos entre Teherán y Washington. Ese proceso no fue repentino; se vio venir. Irán firmaba una especie de paz con Estados Unidos.Argentina intentó sumarse tarde y mal al grupo bolivariano. Seducida por la promesa de petróleo a cambio de granos, la presidenta Cristina Fernández anunciaba en enero de 2013 el memorando de entendimiento con el país mentor del peor atentado terrorista de nuestra historia. Un acuerdo que no se concretó sólo porque Interpol no accedió a suspender las órdenes de captura de los sospechosos, algunos de ellos funcionarios del gobierno iraní.

