Golpeando a las puertas del cielo
Tras el tropiezo de febrero, Macri consiguió encarrilar la relación con el Papa Francisco.
Si el papa Francisco no hubiese difundido un video con un mensaje directo a los argentinos dos semanas antes de la visita de Mauricio Macri, su audiencia de hoy con el grupo dirigido por el legislador porteño Gustavo Vera estaría cargada de acechanzas para el Gobierno nacional. En el diario español El País , Vera declaró horas antes del encuentro de Francisco con el Presidente argentino que el Papa impedirá un estallido social en la Argentina y ayudará a Macri a terminar su mandato.La definición de Vera causa aflicción por donde se la mire. Porque supone un diagnóstico extremo de la realidad social, al borde de una explosión inminente. Porque da por sentado que ese estallido tendría como consecuencia política inmediata una crisis de gobernabilidad, a menos de un año de haber asumido el nuevo gobierno. Y porque se arroga el conocimiento anticipado y la venia necesaria para la divulgación de una decisión política del jefe del Vaticano, que incidiría activamente para evitar el final abrupto del mandato presidencial.Nada de esto se puede inferir de las palabras del Papa en el video en el que explicó que no le será posible visitar la Argentina el año próximo.Las preocupaciones concurrentes de Bergoglio y Macri por la pobreza ocuparon un lugar preferencial en la agenda de su encuentro. Pero no en los términos apocalípticos de Vera y su corte de laudatianos.Tras el tropiezo de febrero, Macri consiguió encarrilar la relación con el Papa. Para decirlo en los términos del más reciente premio Nobel: empezó desandando la calle de la desolación, para luego golpear a las puertas del cielo. Fue un camino de meses que incluyó una inesperada definición contra el aborto y la aceptación –por ahora exploratoria– de la propuesta de una mesa intersectorial, con referentes del mundo del trabajo y de la empresa, similar a la que le demandan algunos de sus opositores.También el Papa enderezó su comunicación con el país. Con el recurso simple de un mensaje directo desbrozó un escenario donde lo habían dejado comprometido con una fracción política. Una reducción incompatible con la amplitud de su tarea pastoral.Satisfecho con el nuevo clima en la relación con el Papa, el Gobierno intentará avanzar esta semana en el diálogo con los sindicatos y en la aprobación parlamentaria del instrumento al que apuesta como su principal innovación política: el voto asistido por boleta electrónica en todo el país.En ambos casos cuenta con la opinión favorable de una parte relevante de la oposición de extracción justicialista, que hoy enfrenta dividida un nuevo aniversario de la jornada fundacional de su organización política. Para este sector, el mensaje de Bergoglio dista de satisfacer una errática expectativa: que el papado se erija en articulador de la unidad política perdida. Aquella que hace un año le permitió a Macri conquistar la posibilidad del balotaje que lo dejó en la Casa Rosada.El Gobierno no ha derrotado la inflación, ni mucho menos. De hecho, el índice de precios rebotó el mes pasado, pese a que la tarifa del gas estaba congelada por vía judicial. Pero ha conseguido instalar la idea de que camina en dirección correcta para una baja gradual del nivel general de precios.Ese módico avance es una barrera de contención para la actividad gremial más beligerante y un disuasivo para el reordenamiento opositor. Allí predomina la idea de que la instancia electoral del año próximo será una disputa abierta por un nuevo liderazgo. Si eso continúa, la oferta electoral de extracción peronista se fragmentará. Para buscar la unidad luego, en la disputa del sillón presidencial.

