El gobernador Martín Llaryora pide públicamente que el Gobierno nacional baje las retenciones que le cobran a las provincias agrícolas y cuya recaudación queda íntegramente en las arcas nacionales, pero cobra el Impuesto a los Sellos, que no redujo y que tampoco coparticipa. Al menos las retenciones de la soja bajaron del 33 al 26%.
Pero también quiere que le aumenten las partidas de salud y educación, que repartan todos los ATN entre las provincias, que retome toda la obra pública que está parada, que gire los fondos comprometidos para las universidades, que se financie la discapacidad tal como reclama el sector y que dejen de eliminar subsidios.
Pero a la vez, es de los que celebran que se mantenga el equilibrio fiscal, que el Central compre reservas, que no le den más a la maquinita de pesos y que la inflación siga en baja.
La verdad, es que todo a la vez no se puede. Es extraño que el gobernador no advierta una contradicción entre lo que reclama y lo que efectivamente se puede hacer.
Las mejoras macro, por caso, le permitieron salir a tomar U$S 800 millones de deuda en el exterior. Tenés que ser una provincia ordenada, claro está, pero nada sería posible si no pasan primero por el tamiz a la mismísima Nación. Y como el gobernador quiere ser reelecto y quiere seguir tomando deuda, bien le convendría que Javier Milei y equipo sigan haciendo los deberes fiscales.
Ayer cayó en dos contradicciones. La primera: criticó el Rigi, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. “Ahora viene un Súper Rigi, que es alguien que viene y no paga impuestos y que claramente está subsidiado. Yo creo que el reclamo de la baja de retenciones tiene que ser un reclamo contundente y por eso hablo de todos los sectores, porque están subsidiando sector tras sector, y sectores que son altamente rentables”, dijo en una presentación de líneas de crédito para el agro.
Estamos de acuerdo en que hay que seguir bajando retenciones, pero lo que no se entiende ahora es la objeción al Rigi. La Legislatura de Córdoba fue una de las primeras en adherir.
Este régimen permite acelerar rápidamente las inversiones (punto que Córdoba pidió por años) y reduce del 30 a 25% la alícuota de Ganancias. 35% sobre cero es cero; 25% sobre una inversión real que producirá Ganancias es mucho más que cero.
Es más: Córdoba no cobra Ingresos Brutos a los espectáculos, con el argumento de que la economía naranja moviliza a otros sectores. ¿Hay algo más rentable que Tini, Shakira o Arjona? Peor aún, aunque contrafáctico: es probable que esos shows se hubieran hecho igual pagando Ingresos Brutos (con entradas más caras) pero es difícil pensar que se hubiesen aprobado 14 proyectos de inversión por U$S 27 mil millones sin el Rigi.
O que Renault, que presentará en septiembre su revolucionaria pick up Niágara, hubiera desarrollado el proyecto íntegramente en Argentina (luego de que Nissan abandonara la plaza) si no se hacía en el marco del Rigi. La inversión fue 350 millones de euros y se hizo bajo este régimen.
La segunda contradicción está en el Régimen de Zonas Frías, que le concede descuento del 30% a todos los usuarios de 13 de los 26 departamentos provinciales y del 50% si está en condición vulnerable. El criterio es geográfico: debajo de la ciudad de Córdoba, incluyéndola, todo.
En la provincia, el 57% de los usuarios está comprendido en el régimen de zona fría con el 30% de descuento; el 31% está comprendido pero con el 50% de descuento y el 12% no goza del beneficio.
Ecogas atiende a 758 mil usuarios, de los cuales 667 mil tienen el beneficio. ¡El 88%! Epec y cooperativas, por caso, tienen 1,8 millones de clientes por la sencilla razón de que, pese a la inversión en el tendido de gasoductos, más de la mitad de la población sigue sin conectarse a la red.
¿Y cómo se financiaba ese subsidio? Con un recargo del 8% en el gas en boca de pozo que pagan los usuarios que no están en zonas frías.
Así, los habitantes de Cruz del Eje, por caso, pagan el gas más caro para subsidiar a los de Capital, tanto a sectores medios como a los de countries con caldera. Digamos todo, con la mano en el corazón: los barrios más postergados utilizan la garrafa porque tampoco tienen gas natural.
Además, el régimen de zonas frías se superpone con otro programa, el Resef (antes Rase) que define si tenés o no subsidio según tu nivel de ingresos. Es decir que los usuarios que perciben hasta $ 4,2 millones mensuales (la enorme mayoría) y viva de Capital para abajo, tienen doble subsidio.
¿Está bien subsidiar por dos vías diferentes al mismo hogar? ¿Es correcto que se le otorgue la ayuda a la demanda –según el criterio de ingresos de hasta 4,2 millones al mes- pero que además se universalice a todos por un criterio territorial?
El subsidio de zona fría tal como lo conocemos hoy se creó en el 2021, cuando el diputado Máximo Kirchner extendió el Fondo Patagónico, que alcanzaba entonces a 850 mil usuarios, a casi 4 millones de personas.
El objetivo era llegar hasta el conurbano bonaerense, en vísperas de la elección de medio término. Total, la maquinita funcionaba 24 horas y hasta se importaban billetes impresos en el exterior.
El meollo del asunto es que todo no se puede. No se puede mantener el mismo nivel de gastos y bajar la inflación. No se puede ordenar las cuentas sin hacer recortes. ¿Que son injustos? ¿Qué no es ahí donde hay que cortar? ¿Qué hay que hacerlo por las buenas? Totalmente de acuerdo.
Pero si alguien tiene una manera más gradualista, que no le duela a nadie pero que también sirva para bajar la inflación y mantener el superávit que la pase. La magia no existe.

