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Fin de los festejos, sin tregua política

Ninguno de los dos bicentenarios significó una tregua. En consecuencia, la agenda política volverá a hospedar los mismos problemas sin solución.

11 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
Fin de los festejos, sin tregua política
(Ilustración de Gustavo Dagnino)

Quedó comprobado y era previsible. Una vez concluidos los fastos del Bicentenario, las declamaciones de convocatoria a la unidad nacional se revelaron insuficientes para congregar al conjunto de la dirigencia política argentina. Poco importan los motivos, porque ninguno resultaría justificable. El hecho es que faltaron algunos gobernadores. Y quien fue la presidenta anfitriona en el Bicentenario de la Revolución de Mayo huyó de los festejos tras fungir esta vez como líder de la resistencia, desde la caja de una pick up , en el tradicional barrio porteño de la Recoleta.Se subió allí a la letra de una carta de ocasión, enviada por el papa Francisco.Ninguno de los dos bicentenarios significó una tregua política. En consecuencia, la agenda política volverá a hospedar los mismos problemas sin solución.Ibar Pérez Corradi volverá a declarar. Amenaza con comprometer al exjefe de Gabinete Aníbal Fernández y a otros funcionarios del anterior gobierno. Sus palabras tienen la credibilidad de quien busca eludir una condena por delitos tan graves como contratar sicarios y encargarles un triple asesinato.De todos modos, el debate político en torno de las vinculaciones del kirchnerismo con el tráfico ilegal de efedrina ya debería estar resuelto. Más allá de lo que diga Pérez Corradi, la defensa de Aníbal Fernández no es otra cosa que una acusación directa contra otro antiguo funcionario de Néstor y Cristina, el extitular de la Sedronar, José Granero.Granero y Aníbal Fernández se tiran la pelota entre sí por el aumento exponencial del tráfico de efedrina. El kirchnerismo no se puede dar ese privilegio. Ambos funcionarios fueron designados por la misma jefatura política. Para el argumento del lobo solitario, José López ya era bastante.El peronismo mira esas desventuras de lejos, porque dice estar viviendo una nueva mutación, al redescubrir su condición republicana. Huérfano de mayorías parlamentarias, el partido del presidente Mauricio Macri coquetea con la incorporación de refugiados sobrevivientes de la implosión del fin de ciclo.Tanto le atrae al PRO la tentación de seducir que el radicalismo advirtió desde Tucumán que no admitirá en la coalición oficialista a dirigentes del justicialismo hasta ayer involucrados con los manejos turbios de la década ganada.Este debate atravesará la discusión política cada vez más. El Gobierno se ha lanzado a una reforma electoral que avanza en la transparencia de los instrumentos del sufragio, pero cristaliza el sistema de partidos tal y como le convino al peronismo para provocar crisis de gobernabilidad, a fin de proponerse luego como única salida.La reforma integral del sistema político, como una nueva ley de coparticipación federal, son de los tantos temas postergados por la falta de consensos cooperativos a largo plazo. La importancia de ese tipo de acuerdos es soslayada por oficialistas y por opositores con una suerte de minimalismo táctico: es mejor enfocarse sólo en las decisiones instrumentales para mejorar la vida cotidiana de la gente. La discusión de la actualización tarifaria es una muestra ejemplar de las limitaciones tempranas de ese planteo.¿Cómo se mejora la calidad de vida de los argentinos? ¿Manteniendo tarifas mínimas subsidiadas a cambio de sostener un déficit fiscal enorme, que es a su vez la principal causa de la inflación? Ambos objetivos son contradictorios. Sólo se resuelven con un acuerdo estructural sobre la matriz energética.¿Habrá que esperar hasta 2053, hasta los festejos del Bicentenario de la Constitución nacional, para que una generación futura descubra que sólo los consensos estratégicos son los que estructuran en verdad una nación?

El saludo del carapintada

El polémico exmilitar desfiló como veterano de Malvinas.

La celebración del Bicentenario de la Declaración de la Independencia estuvo caracterizada por el regreso a la costumbre tradicional de los desfiles de fuerzas militares y de seguridad. Tanto en Tucumán, el sábado, como ayer en la Ciudad de Buenos Aires, a las columnas se sumaron también oficiales, suboficiales y soldados que pelearon en la guerra de Malvinas. Sin embargo, sorprendió ver en el desfile, subido a un jeep, al exmilitar y líder de la rebelión carapintada contra el

gobierno de Raúl Alfonsín, el también exintendente, Aldo Rico.