En el Palacio 6 de Julio hay una preocupación alrededor de la reforma del sistema de estacionamiento medido de Córdoba. ¿Por qué? Temen que una parte importante de la sociedad haya entendido mal. Que crean que “se terminan los naranjitas” cuando, en realidad, el cambio apunta más a regularlos y reconvertirlos que a hacerlos desaparecer.
La nueva norma, que tendrá su debut este martes 26, elimina el cobro en efectivo, digitaliza el sistema y crea la figura de los “constatadores”, trabajadores vinculados al control del estacionamiento. También endurece sanciones para quienes operen por fuera del esquema autorizado.
Pero la comunicación política, por el tono épico con que se presentó la medida, habría ido bastante más lejos que el contenido real de la norma. “Hicieron demasiada espuma con la erradicación de los naranjitas”, deslizó, con cierta ironía, una fuente del Ejecutivo de la Municipalidad de Córdoba que teme que la estrategia de la Provincia de solucionar un problema que la gente demandaba en las encuestas se les vuelva en contra. Y lo peor, que culpen al municipio.
El problema, admiten algunos en voz baja, llegará cuando los vecinos sigan viendo “naranjitas” en las calles y descubran que, en rigor, no desaparecieron: cambiaron de nombre, de color y de modalidad, pero al fin y al cabo son cuidacoches. Además, hay un tema no menor: las nuevas cuadras que se habilitarán en la ciudad. En muchos lugares donde no se cobraba por estacionar, ahora habrá que pagar.

La Provincia, con el ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros a la cabeza de la cruzada, y la Municipalidad sostienen que el objetivo es ordenar un sistema descontrolado desde hace años. Eso es cierto. Pero el riesgo es que la expectativa social haya quedado varios metros más adelante que la reforma efectiva.
En política, suelen repetir los consultores, no hay peor escenario que prometer una revolución y terminar administrando expectativas.
Empieza el juego de sellos en Marcos Juárez
Con las últimas encuestas sobre la mesa y el regreso de Oscar Agost Carreño de Estados Unidos, donde estuvo durante seis semanas en el marco de la beca Eisenhower, comienza a definirse el tablero electoral de Marcos Juárez.
Como se sabe, Agost Carreño mantiene el control del PRO tras haberle ganado todas las batallas judiciales a Mauricio Macri, quien propiciaba una intervención del partido “amarillo” en Córdoba. Por ahora, Agost Carreño envió a Francisco Iser, el intendente de General Roca, para que oficie de “celestino” entre la intendenta Sara Majorel y su antecesor y padrino, Pedro Dellarossa, quienes se distanciaron por el pase de este último al cordobesismo.

Sin embargo, la ingeniería electoral no sólo depende de la reconciliación: el sector del PRO que responde a Patricia Bullrich quiere integrarse a La Libertad Avanza, mientras que el sector de Agost Carreño es más reacio. O, al menos, levanta la cotización.
Le quedan muchos capítulos a Marcos Juárez, incluyendo una asamblea provincial del PRO que fije la estrategia electoral. Pero el primer paso está dado, bajo la atenta mirada de El Panal, donde esperan que el PRO no sea parte de un esquema opositor libertario. Por ahora, la vecinalista Verónica Crescente parece mantener los históricos 35 puntos de la oposición en aquella ciudad.
Heridas peronistas en la UNC
El triunfo de Jhon Boretto en la Universidad Nacional de Córdoba dejó una herida abierta en el peronismo. El esquema “nacional”, que reunió a kirchneristas, delasotistas, axelistas y massistas, tuvo un aporte de peronistas cordobeses, varios de la estructura de funcionarios de Daniel Passerini. El llaryorismo universitario jugó por la reelección del “morado”. Lo cierto es que La Fuerza Estudiantil salió herida en la interna universitaria, porque perdió sillas en el Consejo Superior.

Finalmente, el opositor Pedro Pérez hizo una buena elección y Vamos estuvo muy cerca de ganar en el claustro estudiantil.
En el peronismo cordobés, le endilgan a Martín Llaryora el haber expuesto su clásica estrategia de poner huevos en todas las canastas. “Como hace siempre, Martín mandó a jugar en todas las canchas. Si no mandó, dejó hacer. Es lo mismo que hace en la interna del peronismo nacional: unos con el peronismo federal, otros con Gebel, otros con Áxel; no sé si eso genera confianza”, se quejaba un peronista universitario impactado por el resultado, sin terminar de decir lo que en verdad piensa de la estrategia del gobernador.

En cambio, en el esquema universitario del “peronismo nacional” estaban exultantes. “Faltó un poco de convencimiento y una semana de campaña para arrebatarles estudiantes”, decía una de las estrategas de Vamos. En la madrugada del viernes, tras el escrutinio, la dirigente valoraba que se logró camuflar el “kirchnerismo en sangre” e imponer un discurso identitario vinculado al peronismo.
“Faltó muy poco, pero es una base para construir lo que viene. Se empieza a pagar el costo de ser aliado de Milei”, analizaba la dirigente. Aunque Boretto encabezó el reclamo por la asfixia del Gobierno nacional a las universidades, Pérez cabalgó la campaña sobre su pertenencia al radicalismo cordobés. El dardo no era sólo para Boretto: en el PJ nacional empiezan a reclamarle a Llaryora que defina si va a ser “colaborador u opositor al régimen”.

