Espías expertos en oscurecer
Más que resolver casos intrincados, complicados, difíciles y complejos, los espías argentinos se han encargado de envolverlos aún más. En oscurecer lo que ya aparecía opaco.
"¿Con qué derecho moral este país puede estar gastando 1.238 millones de pesos al año solventando una Dirección de Inteligencia del Ejército y una exSide que no tienen razón aparente para recibir tanto dinero?", preguntaba en agosto último el fallecido periodista Pepe Eliaschev. Tres meses después, se conoció que el Gobierno nacional había aumentado las partidas presupuestarias para estas fuerzas: la Dirección de Inteligencia del Ejército –bajo control del jefe de arma, general César Milani- se benefició con un 30 por ciento más para este 2015, mientras que la exSide salió más desfavorecida con sólo el 16 por ciento.Vale aclarar: por ley de seguridad interior, los militares no pueden realizar inteligencia fronteras adentro.La pregunta se puede hacer de otra manera: ¿para qué sirven los espías argentinos?Lo único concreto en los últimos 10 años con respecto a la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) es que se le cambió el nombre a Secretaría de Inteligencia (SI).Después, nadie pudo (o quiso) reformar un organismo que desde hace 40 años se mueve en el oscurantismo, haciendo ostentación de parapoder demasiado peligroso.Más que resolver casos intrincados, complicados, difíciles y complejos, los espías argentinos se han encargado de envolverlos aún más. En oscurecer lo que ya aparecía opaco.El atentado a la mutual judía Amia es sólo un ejemplo: los agentes aportaron pruebas que no tenían sustento judicial –según lo declaró varias veces el hoy fallecido fiscal Alberto Nisman– y dedicaron más tiempo a la lucha intestina por intereses propios.El gobierno nacional hace tiempo que rompió relaciones con sus propios espías. En 2013, luego de que Sergio Massa anunciara que iba a ser candidato a diputado con un partido propio, la presidenta se sintió traicionada por sus espías.Se dio cuenta que ya no podía confiar en ellos. Y empezó a hacer público el malestar dándole cada vez más poder al secretario de Seguridad Sergio Berni, encargado de generar nuevo hilos en los servicios de inteligencia nacional.Días antes, Berni acababa de desplazar a Nilda Garré del Ministerio de Seguridad. Quedaba él con el control absoluto de un área clave en el organigrama nacional.Al mismo tiempo, comenzaba una sangría al interior de la SI, de la que muy poco trascendió.En un operativo por demás dudoso, en 9 de julio de 2013, el agente conocido como "el lauchón", Pedro Tomás Viale, cayó abatido en su casa por un grupo de elite Halcón de la Policía Bonaerense en un supuesto procedimiento antidrogas."El lauchón" aparecía como brazo derecho de dos espías de renombre: Antonio "Jaime" Stiusso –mandamás de la SI hasta diciembre último, y vinculado según el Gobierno nacional a Nisman–y Raúl Martins, quien fue denunciado por su hija por regentear prostíbulos en México.Viale y Martins, incluso, alguna vez coincidieron en la investigación de la voladura de la Amia.El 30 de julio de 2014, en tanto, ocurrió un episodio bochornoso en medio de una protesta de los empleados de la fábrica Lear, en la Panamericana porteña. Un gendarme simuló ser atropellado por un manifestante que iba en auto.Quien dirigía aquel operativo era el coronel retirado de Caballería Roberto Ángel Galeano (55). "La exministra de Defensa Nilda Garré lo pasó a retiro y su amigo Berni lo recicló como coordinador de las fuerzas de seguridad. Del control político al control de las fuerzas de seguridad por un militar, una parábola completa", publicó el periodista Horacio Verbisky en un contrataque, ya que siempre apareció ligado a Garré y en contra del secretario.Un año antes, en septiembre de 2013, otro elemento "no oficial" de la SI era noticia en Córdoba. Se trata de Juan "el Francés" Viarnes, que se infiltró en la Policía local para demostrar que los agentes antidrogas más que combatir a los narcos regulaban el marcado clandestino, según hoy investiga la Justicia federal. Pese a que existían abundantes indicios para vincularlo a una operación de los servicios nacionales de inteligencia, jamás se blanqueó ante la sociedad quién es realmente Viarnes, que se autopresentaba como una víctima más de los policías corruptos y no figura (ni figurará) como empleado activo de la agencia de inteligencia. Sin embargo, su nombre quedó registrado en el ingreso del edificio de la SI en Capital Federal en al menos tres oportunidades antes de que explotara el narcoescándalo.Viarnes también fue visto en una reunión celebrada en Nueva Córdoba junto al ahora cuestionado secretario de Seguridad del Gobierno nacional, Sergio Berni.¿Para qué sirvió el papel de Viarnes? ¿Se logró cambiar para mejor el combate del narcotráfico en Córdoba?Hoy, a la luz del expediente judicial que sólo se concentró en un reducido grupo de policías sin llegar a desbaratar a las estructuras completas de esta presunta connivencia con los narcos, las dudas pasan a la suspicacia.Viarnes, en tanto, despareció sin dejar rastros y no hay indicios de que la Justicia esté preocupada en encontrarlo. Al fin y al cabo, ya está demostrado, cuando la exSide mete sus narices la verdad real parece alejarse cada vez más.

