Esperando al Andrea Gail
La gestión Mestre ya no sólo es víctima de lo que el intendente denominó la tormenta perfecta,sino que es corresponsable del fenómeno.
El barco pesquero Andrea Gail desapareció en el Atlántico entre Estados Unidos y Canadá, el 28 de octubre de 1991. La historia se hizo conocida en 1997.
Fue cuando Sebastián Jünger escribió una novela sobre esos hechos reales, llevada al cine en 2000 con el mismo título: La tormenta perfecta. Once años después, cuando Ramón Javier Mestre asumió la intendencia de Córdoba, decidió usar aquel fenómeno meteorológico, de cruces de frentes de tormentas con vientos de 120 kilómetros por hora y olas de 13 metros, para describir la situación en la que se encontraba la Municipalidad.La Córdoba que volvía ayer de las vacaciones de invierno lucía, al menos en el humor ciudadano, como una ciudad devastada por una sucesión de tormentas.Mestre sigue culpando de sus males y de los de la ciudad a aquella herencia recibida. Obviamente, no le falta razón, ya que Córdoba padece problemas estructurales, como el del transporte, que llevan largas décadas de falencias. Pero a esta altura de la gestión no sólo es víctima del temporal, sino que es responsable en parte del ventarrón que parece no cesar. Sin aciertos El transporte es un servicio clave y vital para cualquier urbe, y Córdoba lo padece desde aun antes del regreso de la democracia. Ningún intendente acertó en la prestación, que es compleja por la distribución de la población en una superficie muy extendida. La situación se agravó cuandoRubén Martí decidió crear métodos alternativos de traslado, que terminaron precarizando el sistema principal de los colectivos. De ahí en más, hubo una competencia de promesas, que terminaron siendo irrisorias: desde aquella de Germán Kammerath de que los usuarios iban a esperar en paradascerradas con televisión, aire acondicionado y sillones, hasta la de Daniel Giacomino de traer un subterráneo, de la mano de sus amigos kirchneristas y empresarios chinos.Mestre puso toda su energía en el lanzamiento del nuevo sistema y cumplió con la costumbre de sus antecesores de presentarlo como la auténtica solución. Pasaron cuatro meses y a diario el sistema muestra inconvenientes.Por cierto, los actores involucrados en el servicio son bastante oscuros en sus prácticas, tanto en el ámbito gremial como empresarial. Insensibles, torpes, violentos, especuladores y otros calificativos encajan perfecto tanto a los nucleados en UTA como en Fetap.Pero la gente no vota al titular del gremio o al dueño de la empresa de colectivos. Vota al responsable de la prestación del servicio, que es el intendente.Y votó a un intendente que prometió orden y firmeza ante la corporación sindical-empresarial. Por eso, nunca se terminó de entender, entre otras cosas, por qué se lanzó un nuevo sistema con una concesión precaria a una empresa, como Ciudad de Córdoba, que aparecía ya con problemas financieros. Autoridad se busca Pero la tormenta que empapa a Mestre no es sólo por el transporte. Casi no pasa semana sin que la gestión quede envuelta en algún tipo de vicisitud, que va limando la figura del intendente. Sus colaboradores no sólo no aciertan en la resolución de los problemas, sino que lo exponen al propio titular del Ejecutivo, que queda cada vez más al descubierto.Algunos integrantes del Gobierno municipal se entretienen con la clásica discusión respecto de si se trata de un problema de gestión o de comunicación, debate estéril entre los que tienen importantes recursos, tanto económicos como de personal, para fracasar en ambos puntos.La promesa de campaña de Mestre de recomponer la autoridad fue de nuevo desafiada el lunes, cuando una intimación para que los choferes de una empresa retomaran el servicio derivó en un paro general del sistema. Ayer, pasado el mediodía, logró que su segunda intimación fuese parcialmente acatada.La autoridad provincial queda también más que cuestionada. Que se declare ilegal una medida y que no surta efecto alguno pone en duda para qué sirve el Ministerio de Trabajo de la Provincia.José Manuel de la Sota dijo ayer que estaba en contacto con Mestre para "ayudarlo". El gobernador tiene una necesidad de gestión, de que las cosas en la capital provincial funcionen, y una especulación electoral de que no se debilite aún más uno de los actores que garantiza que la oposición siga dividida.Mientras, la tormenta que se abate sobre la ciudad de Córdoba permanece. Y la imagen de cordobeses esperando un colectivo se parece más de una vez a los que aguardaban en octubre de 1991, en el puerto de Gloucester, al Andrea Gail.

