Esos gestos que llegan después de cada alta médica
Las necesidades cruzadas de respaldos políticos y dinero de Cristina y De la Sota pueden llegar a generar otras condiciones para la inestable relación que han mantenido los K y el gobernador en estos 10 años.
Fue el día en el que reapareció Cristina Fernández, después de la operación de tiroides, por aquel falso cáncer. Era el 25 de enero de 2012 y se dio el último encuentro oficial entre la Presidenta y el gobernador José Manuel de la Sota. Quedaron en seguir conversando, a nivel de ministerios, sobre la Caja de Jubilaciones, las partidas para obra pública y las deudas cruzadas entre Nación y Provincia. Pero la relación se fue tensando y se desató la guerra, al punto que hasta las segundas líneas de ambas gestiones se limitaron a encarar acciones conjuntas sólo en casos extremos.Después, al menos en público, entre Cristina y De la Sota hubo sólo aquel apretón de manos en la pista del Aeropuerto Taravella cuando la Presidenta vino a los 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba. Y, por esas paradojas de la política y del cuerpo humano, el gobernador andaba también con un problema físico: el esguince en su tobillo izquierdo.El contacto telefónicos entre ambos, ante el avance de las llamas en Calamuchita, en septiembre pasado, no evitó que funcionarios de ambas administraciones descargaran mutuas acusaciones, con la campaña electoral en marcha.El lunes, Cristina Fernández retomó su actividad después de 45 días de reposo y, con su primer gesto político, envió un mensaje que tiene como destinatario –entre otros– a De la Sota: puso como jefe de Gabinete a Jorge Capitanich, un gobernador de buen diálogo con sus colegas y con el peronismo.Si había alguien en el gabinete con el que De la Sota se llevaba mal era, precisamente, el saliente Juan Manuel Abal Medina.Con el gobernador en China, en el Centro Cívico provincial todo está en el plano de la expectativa, sin otra señal concreta que aquel despacho de la agencia Télam, en el cierre de la campaña de la elección legislativa, que adelantaba un reconocimiento desde la Nación para al menos una parte de lo que Córdoba reclama por la Caja de Jubilaciones.La votación de hace casi un mes abrió más dudas que certezas en ambas administraciones. Los gestos de fortaleza que se esforzaron en mostrar no lograron disimular sendas preocupaciones por la coyuntura política y económica que deben enfrentar. Con el debate abierto por su sucesión, Cristina pondrá todos sus cañones en mantener el liderazgo lo más intacto que pueda, en un contexto económico al que le sobran señales de advertencia.De la Sota, que volverá de su gira asiática después de aplicar un severo ajuste que no sólo se explica por la inflación nacional, tiene atada la gobernabilidad a la disponibilidad de fondos ante el incierto 2014.Esas necesidades cruzadas de respaldos políticos y dinero pueden llegar a generar otras condiciones para la inestable relación que han mantenido los K y el gobernador en estos 10 años. Por eso, más allá de la curiosidad de las cuestiones de salud, la virulencia que han tenido delasotistas y kirchneristas tal vez se morigere en poco tiempo.

