Ese monstruo grande que pisa muy fuerte
La corrupción actuó como un monstruo que a su paso fue lastimando distintas capas de la sociedad.
Las manchas que dejó la corrupción durante la etapa kirchnerista –un período de gobierno de Néstor Kirchner y dos de su esposa, Cristina Fernández– se van extendiendo. Seguramente el asombro seguirá por un buen tiempo, de la mano de los datos que surjan de las investigaciones judiciales, los aportes de algunos actores o por circunstancias casuales.
La corrupción, en niveles aún desconocidos, actuó como un monstruo que a su paso fue lastimando distintas capas de la sociedad.
Dos hechos habían despertado indignación y dejaron expuesta la impunidad: las imágenes que mostraban a un grupo de personas contando billetes en la financiera conocida como “la Rosadita” y la detención de José López en el convento de General Rodríguez, adonde llegó con casi nueve millones de dólares empaquetados y con una carabina que habría olvidado afuera.
Los límites del escándalo parecen haberse extendido en las últimas horas, cuando se conocieron fragmentos de las cámaras de seguridad internas del convento.
Dos religiosas consagradas, de apariencia inocua y con cara de haber sido engañadas, se instalan en el centro de la escena, salpicadas por la corrupción kirchnerista. Y los elementos que las pusieron en la mira judicial no sólo corresponden al momento en que López dejó sus bolsos.
El teléfono de Alba Día de España Martínez, la religiosa a cargo del convento, cruzó al menos 11 llamadas con María Amalia Díaz, la esposa de José López, antes de que el exfuncionario llegara al convento. El dato surge del análisis de los teléfonos que pidió la Justicia y, por el estado de salud de Alba y la hora de las llamadas, los funcionarios judiciales creen que otra religiosa pudo haber participado de las comunicaciones.
Para el fiscal Federico Delgado, la hermana Inés Aparicio, quien aparece en los últimos videos difundidos abriendo la puerta y ayudando a López a entrar los bolsos, debe ser indagada e imputada por el juez Daniel Rafecas.
En el caso de Alba, el fiscal pidió que primero se evalúe su estado de salud. En ese convento, que frecuentaban Julio De Vido y Alicia Kirchner, entre otros, se encontraron también extrañas fosas bajo el altar.
La participación de las religiosas seguramente quedará como una anécdota en el entramado de negocios espurios de la última década, pero no deja de mostrar con crudeza que no existían límites.
En Córdoba se abrió un capítulo, con los supuestos sobreprecios que habrían tenido las obras ejecutadas por el Eninder, que puede llegar a salpicar a funcionarios o exfuncionarios municipales del interior. Por lo pronto, el juez Ariel Lijo ya tiene en su poder el informe de la Auditoría General de la Nación y lo sumó a los expedientes que se acumulan contra el exsuperministro Julio De Vido, responsable de la obra pública durante una década.

