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En cada esquina no estarán

La Policía Barrial ya es casi una realidad. Pero pensarla como una solución total puede llevar a defraudar.

20 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
En cada esquina no estarán

Detrás de la Policía Barrial aparece la filosofía de la "policía de proximidad", diseñada en Estados Unidos hace más de una década con el objetivo de que los agentes se bajaran de los móviles y conocieran más de cerca lo que sucedía en sectores puntuales.Con otro nombre, esta es en términos generales la idea con la que el Gobierno de Córdoba intentará hacerle frente, una vez más, a la demanda social de mayor seguridad.Aunque el reclamo ciudadano apunta hacia la proliferación de asaltos y robos, a la intranquilidad que cada cordobés tiene al momento de ingresar en su casa de noche, su diseño también responde a otra problemática que no figura tanto en las encuestas: la violencia urbana.Es que se apuesta en un primer momento a focalizar las políticas de seguridad en aquellos barrios críticos, cercados por los tiros y las drogas. Zonas en las que la dinámica social está atravesada por una agresividad que no sólo se puede reducir a un robo.Aunque suelen quedarse callados a fuerza de resignación, son los propios vecinos de esos sectores los que más sufren este rostro de la inseguridad muchas veces ignorado. Porque ya ni siquiera tienen esperanzas en protestar.El anuncio que el Gobierno formuló el lunes refuerza lo que ya se había prometido a finales de 2015, y también en mayo pasado. La estrategia apunta a mostrar, por partes, un mismo plan.El aspecto más duro del programa, en lo que respecta al combate de la inseguridad, se puede sintetizar en más patrulleros, más policías, más armas y más cámaras.La asignación de recursos humanos y técnicos se complementa, al menos desde lo discursivo, con un mayor acompañamiento social. Trabajo, educación y recreación son las otras áreas que terminan de configurar el mapa. Caso contrario, otra vez la inseguridad aparecerá como un problema sólo de policías.Y la propuesta, si bien asoma ambiciosa desde el planeamiento y su presupuesto millonario, tampoco se vislumbra como una solución en su totalidad.Hoy, aquella filosofía de "policía de proximidad", que en Argentina puede equiparse a aquel viejo policía de barrio, que ayudaba a los jubilados a cruzar la calle y daba consejos a los niños, parece lejana. Por lo pronto, con casi 19 mil agentes activos, es imposible pensar en un uniformado en cada esquina. De los 1.500 policías recién egresados, una buena parte irá al interior provincial, donde el ausentismo y la demanda es bastante grande.También se prometió que los agentes nuevos iban a mitigar la demanda de gendarmes para barrio Müller y sectores aledaños, con una alta presencia narco.Si se suman los francos y los turnos, habrá que esperar un par de camadas más para que efectivamente se vea esta nueva presencia, frecuente y cotidiana, en los barrios capitalinos.Llegará entonces el momento en el que el Gobierno deberá lidiar con otra demanda: cuando cada sector, aquejado por sus temores particulares, exija este cuerpo en sus cuadras. La Policía Barrial ya es casi una realidad. Pero pensarla como una solución total puede llevar a defraudar.