Temas del día:

Empezar en serio apenas 15 meses después

Schiaretti no puede culpar a otros de problemas de su gestión y se centra en lo que puede responsabilizar para afuera.

07 de abril de 2017 a las 12:01 a. m.
Empezar en serio apenas 15 meses después
Enojado. Schiaretti se mostró vehemente esta semana. (La Voz / Archivo)

Juan Schiaretti empezó su primer mandato de gobernador, allá por diciembre de 2007, sacudido por el complejo y polémico proceso electoral que lo obligó a ser muy activo desde el primer momento para lograr la legitimidad que no había podido conseguir en las urnas.

Lo logró, al punto que terminó su gestión bien posicionado para suceder a su socio José Manuel de la Sota, en ese esquema que le apunta a una especie de perpetuación del peronismo cordobés en el poder.

Schiaretti llegó al segundo mandato en un contexto absolutamente diferente del de ocho años antes. No sólo fue inobjetable y por cierto margen su triunfo electoral, sino que se dio en el mismo momento en que Córdoba decidía castigar al kirchnerismo con un pronunciamiento en las urnas que le permitió a Mauricio Macri ser presidente de la Nación.

El segundo mandato de Schiaretti era hijo también de aquel 70 y pico por ciento del balotaje de 2015, que dejaba una Córdoba casi monocorde en lo político, con una agenda nacional y municipal que ponía en planos inferiores las problemáticas provinciales.

Y como le sobraba legitimidad de origen y ya no tenía un enemigo compartido por la mayoría de los ciudadanos a los que debía gobernar, Schiaretti arrancó con otro paso.

No le eches la culpa a Río

Quince meses después de asumir su segundo mandato y el quinto de Unión por Córdoba, en los días finales de marzo de este 2017, una serie de sacudones indicaron que empezaba en serio la gestión II de Schiaretti.

Por esos extraños caprichos del destino, el gobernador se encontró con el arranque crítico de este segundo mandato en Brasil de vacaciones, las cuales tuvo que interrumpir por la magnitud de lo que estaba pasando en Córdoba.

La punta del iceberg fue lo que el propio mandatario denominó estar a un “tris del desastre ambiental” por la posible contaminación de uno de los canales que provee a la ciudad de agua con residuos peligrosos.

¿A quién responsabilizar de tener una planta de enterramiento de sustancias peligrosas a cinco mil metros de un canal abierto de agua para consumo?, ¿a quién culpar de los controles?, ¿a quién de que ese canal esté desde su inauguración a cielo abierto y que pierda casi la mitad del líquido que sale del dique Los Molinos?

La respuesta a esas y a otras decenas de preguntas más es la misma que cuando se intenta encontrar a los responsables del colapso del lago San Roque y su repetida escena putrefacta, de los problemas en la prestación de otros servicios básicos, de las demoras en concretar obras urgentes prometidas hace décadas, del descalabro producido en la Policía provincial por el comportamiento delictivo de sus miembros, y sigue la lista.

Para afuera

Al no poder encontrar culpables para adentro, Schiaretti cambió el tono, se enojó y empezó a repartir para afuera. Por eso, muy molesto por que la Córdoba que gobierna lidera las estadísticas de pobreza, responsabilizó directamente a Mauricio Macri, hasta ahora su aliado, y a su política económica. Y de tan enojado que está con las cosas que le pasan, se las agarra tanto con los que salen a protestar contra Macri como contra los que salen a respaldar al Presidente.

¿Se ha roto el romance entre Macri y Schiaretti? Todo parece ser más una crisis de pareja que una ruptura. Tienen que ir separados a la elección, cuya campaña comienza en cualquier momento, y deben tener gestos que exterioricen alguna distancia.

A Schiaretti le molesta que Macri intente armar una estructura sólida de su fuerza en Córdoba y cree que todavía le puede marcar la cancha a su viejo conocido.

También comentan en el Centro Cívico que el gobernador vio que por primera vez el Presidente tiene más opiniones en contra que a favor.

Pero lo cierto es que ambos son objeto de casi un mismo pronunciamiento popular y para el divorcio falta rato.

Mientras tanto, el enojo de Schiaretti de esta semana no parece tener más explicación que, después de 15 calmos meses, comenzó en serio su gestión.