Ella lo hizo
Los virulentos ataques gubernamentales a la marcha en memoria de Nisman fueron los que resignificaron una concentración a la que el oficialismo pudo haber asistido.
Es una marcha. No puede ser neutra. Vayan 10, 100 o miles. Se marcha por algo. Y toda marcha tiene sus contenidos declarados y sus secuelas que no necesariamente coinciden con los motivos expuestos.
Pero la dimensión a la manifestación no se la han dado sus convocantes y asistentes, sino el propio Gobierno, cuando desde el primer día se hizo cargo que era en contra de la actual gestión y descargó su furia descalificadora hacia la concentración. Así el 18-F bien puede considerarse un producto del kirchnerismo, más que de los impulsores. El oficialismo pudo haberse sumado al homenaje al fiscal Alberto Nisman. Nadie le hubiese impedido estar en la calle. Y tal vez, resignificaba la convocatoria y su para nada silente mensaje.Pero optó por el camino preferido. El de confrontar desde la victimización.Todos los gobiernos creyeron en algún momento sentirse desestabilizados, pero ninguno denunció tanta acción destituyente durante tanto tiempo como el kirchnerismo. Semejante insistencia abre la duda respecto de si Cristina Fernández prefiere que no ocurra lo que inexorablemente va ocurrir: se va ir de la Presidencia el próximo 10 de diciembre. La gente irá a la calle, la que vaya, con todos sus malestares juntos. Difusos, contradictorios, emocionales, racionales. Todos mezclados. Como han sido a lo largo de la historia las manifestaciones ciudadanas, cargadas de heterogeneidad. ¿Puede el movimiento político gobernante, uno de los más heterogéneos del mundo en sus 70 años de existencia, descalificar una concentración por la diversidad de sus convocantes y adherentes? Sí, puede y cree tener toda la autoridad para hacerlo.Con la misma autoridad con la que el proyecto gobernante se autoproclama como el recuperador de la "política" y usa el concepto "político" como descalificador. Ciudadanía denegada Justamente, y relacionado con esta hipocresía, la negación de ciudadanía es uno de los elementos más preocupantes de nuestros devaluados debates en Argentina. Y lo peor es que los negadores de ciudadanía sean los que llevan el rótulo de intelectuales, que –en principio– los debería situar en una instancia de pensamiento y análisis superior. Así, intelectuales que no adhieren al kirchnerismo han negado valor ciudadano a concentraciones en respaldo del Gobierno con el argumento de supuestas compensaciones que reciben los asistentes. Ahora, los intelectuales enrolados en el oficialismo niegan el componente cívico de una concentración como la de esta noche por variadas impugnaciones a sus convocantes. Es decir, las marchas que cuentan y valen son las que tienen consignas de mi simpatía, lo cual no parece ser un ejercicio demasiado intelectual.Otro elemento que se ha resaltado de la marcha de hoy, tanto de los que adhieren como de los que no adhieren, es que sean propios integrantes del Poder Judicial los que salgan a la calle a reclamar Justicia.Para ello, la Argentina cuenta con un coordinador estratega del Pensamiento Nacional, que lo tradujo en palabras. "Es como si los chefs en la Argentina llamen a una convocatoria para decir que en el país se cocina mal", dijo Ricardo Forster.Tal vez el coordinador obvió que en esa hipótesis puede estar en discusión la mala calidad o escasez de insumos, deficientes condiciones de trabajo o alguna otra circunstancia que incide en la acción concreta de un cocinero. Vale lo mismo para jueces y fiscales.La Justicia argentina no se ha caracterizado por su independencia, justamente, tanto a nivel nacional como en cada una de las provincias. En Córdoba, lo hemos constatado a lo largo de cada una de las gestiones. En la actual, jueces y fiscales no han generado la más mínima acción que pudiese complicar mínimamente a los gobernantes y a sus aliados. Componente emocional Al elegir el Gobierno nacional la reacción virulenta ante la marcha de esta noche, deja claro que no está en juego sólo un homenaje al fiscal muerto después de denunciar a la propia Presidenta, sino que se colarán todos y cada uno de los reclamos, quejas y malestares con la actual gestión. El otro camino fue la apelación emotiva del oficialismo, con Cristina a la cabeza. "Aguantar", "el canto sobre el silencio", "el amor sobre el odio". Y ella se encargó de la traza divisoria, como si ese componente emocional tuviese toda la racionalidad del mundo: los del amor son los nuestros, los del odio son los otros.Es la misma Presidenta que tuvo aquel recordado acto de amor al bailar el 10 de diciembre de 2013, horas después de las trágicas y violentas escenas de provincias argentinas sacudidas por revueltas policiales, saqueos, destrucción y varios muertos.La Argentina en la que los que están de un lado no sean todos buenos y los que están del otro no sean todos malos, sigue siendo esperada.

