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El rol complaciente

08 de noviembre de 2017 a las 12:41 a. m.
Redacción La Voz
El rol complaciente

“La Justicia federal (de Córdoba) tuvo un rol complaciente con lo que ha pasado en la dictadura, y esto quedará reflejado en el fallo”. Esa es una de las conclusiones a las que arribó Julián Falcucci, el presidente del Tribunal N° 2, al cabo del proceso que terminó ayer.

Lo dijo en la breve reunión con periodistas, en la que se planteó aclarar las diferencias con el “juicio a los jueces” desarrollado en Mendoza, por el que fueron condenados a prisión perpetua cuatro exmagistrados.

En aquel episodio, las acusaciones eran por complicidad con delitos de lesa humanidad, mientras que aquí los imputados están señalados por “omisiones funcionales”. Y aquí, salvo en el caso de Carlos Otero Álvarez, la distancia entre el pedido de pena de los fiscales y la decisión de los jueces no fue abrupta.

Falcucci negó que hubiera recibido alguna injerencia de espíritu corporativo judicial a la hora de llevar adelante el juicio y el fallo. “Es lo que pudimos juzgar acá”, dijo, al señalar el hecho de que un juez y un exfiscal fueron condenados. Entonces, proyectó que si el enjuiciado hubiera sido el juez Adolfo Zamboni Ledesma, fallecido en 1984 e instituido como paradigma cordobés de la colaboración con la dictadura, la reacción de la gente que estaba afuera “hubiera sido diferente”.

Al cabo de 40 años de ese “rol complaciente” de la Justicia federal de Córdoba con una dictadura feroz y sangrienta, quedan dos condenas a tres años de prisión.

Estos juicios por delitos de lesa humanidad no sólo son un acto de reparación a las víctimas, sino a toda la sociedad que fue arrasada en sus derechos humanos y civiles con el montaje de una infernal maquinaria clandestina de tortura y muerte por parte del Estado.

Además, tienen un mensaje hacia el porvenir: aunque pasen las décadas, no habrá impunidad para los responsables de semejante espanto.

En cuanto a la Justicia, el proceso que acaba de concluir tal vez deje una enseñanza para los magistrados del presente y del futuro. No siempre es sencillo regresar las manos a la luz luego de que fueron hundidas en las sombras.