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El país que espera la Presidenta

Desde entonces, la devaluación constante de la moneda nacional se aceleró a un ritmo que, si se proyectase acumulado a los próximos doce meses, se acercaría al ciento por ciento.

13 de enero de 2014 a las 01:15 p. m.
El país que espera la Presidenta

La Presidenta no está ausente de la gestión de gobierno, ni abandonó a su suerte al equipo de ministros cuya mayor tarea hasta el 27 de octubre pasado era aplaudir. Tampoco parece afectada por algún nuevo signo de fragilidad en su estado de salud. Sólo ha resuelto menguar al mínimo su exposición pública hasta que algo en el país cambie. Si le fuese dado a elegir el momento de su reaparición, no dudaría: optaría por el día y la hora en que concluya el ajuste de la economía doméstica que lleva adelante su administración. Hace un año, mientras algunos jugueteaban en los túneles vietnamitas, el entonces ministro de facto de la economía argentina se animaba a predecir en Hanói cómo pintaría el número clave del año en el que Cristina jugaría en las urnas su autosucesión.El entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, aseguró que el dólar cerraría 2013 con un valor de seis pesos y descartaba una devaluación mayor. "Eso genera puja distributiva, una caída en el consumo y aumento de precios", declaraba. Mayo Cuatro meses después, en las épocas en que usaba Twitter, la Presidenta escribió de puño y letra: "Los que quieren ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo, van a tener que esperar a otro gobierno". Agregó luego en la Casa Rosada que una depreciación sería pagada especialmente por los sectores sociales más vulnerables. La expresión fue tan severa como lo dicho en agosto por el jefe de la Afip sobre el aumento de la percepción impositiva que agrava el cepo y el desdoblamiento cambiario. "Categóricamente, no", descerrajó Ricardo Echegaray. Tras la elección, esa imposición subió del 20 al 35 por ciento. Échale la culpa a Río. Noviembre El mismo día que Cristina regresó a la actividad tras su operación y pronunció un mensaje recordado por la presentación de una mascota que le regalaron en Venezuela, el Estado reconocía un valor oficial de seis pesos para comprar dólares, según registra el cuadro de cotizaciones históricas del Banco Nación. Horas después, renunció Guillermo Moreno. Desde entonces, la devaluación constante de la moneda nacional seaceleró a un ritmo que, si se proyectase acumulado a los próximos doce meses, se acercaría al ciento por ciento.La predicción vietnamita fue inexacta en los plazos, entre otras cosas, porque en el medio el Gobierno perdió dos elecciones. Pero se cumplió en sus consecuencias. La inflación se aceleró más a final de año y un diciembre caliente anticipó del peor modo la puja distributiva.Ya es pasado. Si se cumple el cronograma oficial, el miércoles el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos estimará por última vez la evolución de los precios con el índice amañado por Moreno. Rondará, para morir en la suya, un tercio de los cálculos privados. Febrero El nuevo indicador de inflación se conocerá el 13 de febrero próximo y medirá lo que está ocurriendo este mes. Ya han advertido los críticos del Indec que el nuevo diseño estadístico, que el Fondo Monetario Internacional recién revisará en mayo, tiende a subestimar el impacto de los aumentos de tarifas que debutaron con el nuevo año y que en muchos casos no llegaron a ser leídos atentamente por la ciudadanía. Porque faltaba la luz. La Presidenta, entonces, continúa replegada al aguardo de mejores noticias. El nuevo ministro de Economía ofició de emisario para desmentir a Capitanich sobre un nuevo impuestazo. Del mismo modo que el jefe de Gabinete fue el vocero presidencial cuando enviaron a los ministros a comprar tomates. Ninguno, ni la presuntuosa retórica de Olivos, desconoce en estos días de ajuste la observación sartreana sobre el inconfundible aspecto de los verdugos. Se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo. La clave de su futuro es que con este disgusto sea suficiente. El país cerró 2013 con déficit gemelos, la antítesis de la virtud. Pero el dispendio del sector público sigue inflexible a la baja. Así, no habrá ajuste que alcance, y el tiempo para ocultarse también se desgasta con la inflación.