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El juego de los espejos

No basta con las buenas intenciones, hay que transparentar métodos y objetivos.

01 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
El juego de los espejos
(ilustración por Gustavo Dagnino)

Desde la perspectiva del discurso, toda fuerza política aspira a instalar una narración propia de la vida colectiva. El despliegue de una descripción de los hechos, sus antecedentes y su evolución no es una opción de la vida política. Pero sí lo son sus contenidos y la estrategia de medios para difundirlos. El presidente Mauricio Macri no llegó al poder sin esa narración propia. Por el contrario, el voto popular lo llevó a la presidencia porque su discurso dio en la tecla de una aspiración mayoritaria.La demanda de cambio fue el eje central. También incluía la necesidad de dejar atrás una formulación autoritaria del relato político.¿Qué debía cambiar en la avenida de la comunicación política? En primer lugar, los contenidos excluyentes, que dejaban afuera de la vida colectiva a sectores cada vez más amplios de la sociedad sólo por disentir, aun de manera parcial, con la narración oficial.También la estrategia de medios consecuente con esa mirada sectaria, que perseguía con todos los recursos del Estado a las voces disidentes.La entrevista entre Macri y el conductor televisivo Marcelo Tinelli fue debatida casi como un episodio emblemático del nuevo estilo comunicacional del Gobierno. A la satirización, Macri le respondió con una crítica, pero también con el diálogo, dijeron desde el oficialismo. Pero exponiendo en un juego riesgoso la imagen de la figura presidencial, se objetó, y no sólo desde la oposición.Ambas evaluaciones involucran indirectamente a la ciudadanía. En cambio, la provisión de datos de la Anses a la Casa Rosada merece una observación adicional. Está en juego la estrategia de medios para la comunicación oficial, pero, sobre todo, el derecho de cada ciudadano a disponer de sus datos en un marco de respeto de su libre iniciativa.No basta con declamar buenas intenciones. El Gobierno debe transparentar sus métodos y objetivos. Debe hacerlo también porque su narración política excluye los abusos de poder en los que incurrió la gestión anterior. Antecendentes Que Cristina Fernández y sus seguidores critiquen ahora estas decisiones es una muestra de cinismo inexcusable.El columnista Alejandro Borenstein, del diario Clarín , supo describir con maestría hasta dónde llegó el autoritarismo de Cristina y sus funcionarios en el uso y abuso de datos personales reservados para agraviar a quien se cruzara en su camino con el matiz de una opinión diferente.Borenstein escribió en julio de 2012 toda una nota de época: "Che Saldaña, estás en cadena nacional", que es muy recomendable releer ahora (http://clar.in/1JgoTiv).La nota dice, en síntesis, que Saldaña, el empleado de una inmobiliaria, tuvo entonces el atrevimiento de opinar en público que percibía una caída en la venta de inmuebles. Bastó para que la entonces presidenta de la Nación solicitara y obtuviera de modo ilegal los datos de la declaración de impuestos de ese empleado y lo escrachara, no menos ilegalmente, por cadena nacional de radio y televisión, como presunto evasor de impuestos.Eso es lo que hacía el kirchnerismo con los datos personales. El presidente Macri está muy lejos de esos abusos, pero la magnitud de aquel desvarío no debe convertirse en aliciente para ningún otro, por embrionario y menor que parezca. Agenda e iniciativa El Gobierno parece tropezar con los inconvenientes para fijar agenda cuando merman los datos sobre investigaciones judiciales por casos de corrupción.Es lo que ha ocurrido durante los días del receso judicial de invierno en los tribunales federales de la ciudad de Buenos Aires. En otras palabras: cada vez que le toca lle­var la iniciativa y pro­poner una agenda propia en el juego abierto del debate público.Es entonces cuando se problematiza con la estrategia de comunicación política. Como en aquel juego de los espejos cóncavos y convexos, que alargan o ensanchan las figuras, el Gobierno se entusiasma cuando a la imagen la distorsionan los recuerdos del pasado. Y se complica cuando enfrenta el reflejo de la realidad.