El incentivo de Cristina o el de Capitanich
El camino que se elija en estos últimos dos años dependerá fuertemente de si prevalecen los incentivos de la Presidenta o del nuevo jefe de Gabinete.
Argentina tiene muchos y variados problemas con el funcionamiento de su economía y sus instituciones. De mayor o menor complejidad, mayor o menor urgencia. Para comenzar, existe un problema respecto a la credibilidad de las decisiones de política económica, después de repetidos fracasos en la contención de la inflación y, desde 2012, también con relación al crecimiento de la producción. Tampoco ayuda la negativa percepción del nivel de seguridad jurídica para hacer negocios. La salida de Guillermo Moreno podría ayudar a modificar tales percepciones, aunque no tanto la consolidación del funcionario que no hace mucho tildó de "horrible" a la expresión seguridad jurídica.Terminando el año, y a dos años del recambio gubernamental, la economía se encuentra con un nivel de actividad importante en muchos sectores, pero que ya casi no crece en la mayoría de ellos; en que la inflación ya deteriora el poder adquisitivo de los salarios; y en que se ha acumulado una buena cantidad de desequilibrios macroeconómicos (fiscal, energético, competitividad, reservas) y sectoriales cuyo potencial desenlace amenaza el nivel de producción y empleo. En una palabra, alguien deberá hacerse cargo, tarde o temprano, de corregir esos desequilibrios, lo que inicialmente podría ocasionar fuertes costos políticos, aunque con el incentivo de que podría mejorar la economía en el mediano plazo, volviéndola más sustentable. No se trata de ideología, se trata de matemática pura.El camino que se elija en estos últimos dos años de administración dependerá fuertemente de si prevalecen los incentivos de la Presidenta o del nuevo jefe de Gabinete.Para la primera, ya sin posibilidad de reelección, la mejor vía podría ser la que le permita evitar los costos políticos iniciales que traería aparejada de la corrección de los desequilibrios y, a través de parches, intentar llegar con una economía colgada de alfileres a diciembre de 2015. Y que corrija el que sigue. Aquí prevalecería la visión de Kicillof, con el riesgo de quedarse sin nafta antes de la meta.Para Capitanich, con aparentes ambiciones presidenciales, los incentivos podrían ser llegar con una economía rozagante a 2015, pero debe ser consciente de que eso implicaría realizar cambios sustanciales en lo que queda de 2013 y comienzos de 2014. Aquí podrían esperarse medidas más profundas para bajar la inflación, mejorar la competitividad, frenar el drenaje de reservas del BCRA y corregir las distorsiones en materia de energía. El riesgo es que, puestas a marchar dichas correcciones, en un ambiente de escasa credibilidad, vuelva a la economía un potro indomable.En función de cuáles incentivos finalmente prevalezcan, podría resultar la marcha de la economía y el bienestar de los argentinos en el corto y mediano plazo.
*Presidente de Ieral

