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El Gobierno no supera el estado de estupor

Hace una semana, el fiscal Nisman apareció muerto de un disparo en la cabeza. La Justicia todavía no dilucida las causas. El Gobierno abona la teoría de que le “tiraron un muerto” y busca responsabilizar a un sector de la ex-Side. Incertidumbre política.

25 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El Gobierno no supera el estado de estupor
Final trágico. Efectivos de Prefectura retiran el cuerpo del fiscal Alberto Nisman, en la torre Le Parc, el pasado lunes (Télam)

Buenos Aires. Hoy se cumple una semana de que el fiscal de la causa Amia, Alberto Nisman, apareció muerto en su departamento de la torre Le Parc, en el exclusivo barrio porteño de Puerto Madero. Las últimas personas que tomaron contacto con él sostienen que Nisman se encontraba "entusiasmado" preparando la exposición que tenía prevista para el lunes en la Cámara de Diputados, donde, invitado por la oposición, iba a dar a conocer las pruebas que incluyó en la denuncia que el miércoles 15 presentó ante el Juzgado Federal de Ariel Lijo contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el canciller Héctor Timerman y otras cinco personas. A todos ellos acusó de urdir un plan para librar de toda responsabilidad a los ciudadanos iraníes a los que el propio Nisman les imputó la autoría intelectual de la voladura de la mutual judía en 1994. Algo ocurrió entre la noche del sábado y el domingo al mediodía y el resultado fue la muerte del fiscal que tenía sobre sus espaldas la causa más importante de la Justicia argentina. "Puedo aparecer muerto", había declarado ante la prensa tras dar a conocer su imputación contra la Presidenta. A sus íntimos y allegados les había confesado que estaba "con fuerzas" para enfrentar la batalla política y judicial que –sabía– su denuncia acarrearía. Una foto, que Nisman le envió por WhatsApp al vicepresidente de la Amia, Waldo Wolff, el sábado al mediodía, da testimonio de su entusiasmo: se lo ve rodeado del material que iba a llevar el lunes pasado al Congreso, con marcadores amarillos y anotaciones. Hora fatal La Justicia sigue investigando el hecho como "muerte dudosa" y no descarta ni la hipótesis del suicidio "inducido" ni la del asesinato. Los informes de los forenses indicaron que Nisman falleció cerca de las 13.30 del domingo a causa de un disparo de un arma calibre .22 en la sien derecha. La pistola Bersa no era ninguna de las dos armas que el fiscal había registrado como suyas sino que se la pidió prestada a un colaborador el sábado 17 por la tarde. Esta persona, el técnico en computación Diego Lagomarsino, le dejó el arma solicitada en su domicilio pasadas las 20 y se marchó luego de tomar un café que –según declaró– preparó el propio Nisman. El cuerpo del fiscal de la Unidad Amia fue hallado en el baño de su departamento al caer la tarde del domingo por su madre y por dos de los uniformados que debía protegerlo en las horas previas a su exposición en el Parlamento, la cual estaba precedida de una gran tensión política porque el oficialismo tenía la instrucción de ir "con los tapones de punta" contra el fiscal. Hoy siguen bajo análisis los motivos por los cuales los custodios, que fueron citados por Nisman para las 11.30 del domingo, esperaron varias horas, tras intentar comunicarse con él por Nextel, para llamar a la secretaria del fiscal, quien fue quien se puso en contacto con la madre de Nisman, Sara Garfunkel, para ver si esta tenía en su poder una llave del departamento. Recién cerca de las 19.30, cuando un cerrajero pudo abrir la puerta de servicio, la madre y un custodio ingresaron a la vivienda y observaron que un cuerpo –el de Nisman– estaba en el piso del baño, obstaculizando la apertura de la puerta, rodeado por un charco de sangre. Fue ahí que se activaron las alertas y la Policía Federal tomó el hecho. Berni en la torre Cerca de la 1 de la mañana del lunes, el Secretario de Seguridad Sergio Berni llegó a la torre de Le Parc luego de orquestar un operativo de tales proporcionales que llamó la atención de la prensa. Poco después lo hizo la fiscal del caso, Viviana Fein, junto al primer juez que tomó el expediente, Manuel de Campos. La fiscal había sido avisada de la denuncia recién a las 0.05 del lunes. Con la llegada de la Justicia al lugar del hecho, se recolectaron pruebas en el cuerpo de Nisman y en todo el departamento. Previamente, la Policía había registrado con una cámara de video –introducida por la puerta semiabierta del baño– las circunstancias que rodeaban al cuerpo y posteriormente un médico de la prepaga de Nisman había dado su veredicto. Las 11 horas que pasaron entre el disparo que terminó con Nisman y la constatación judicial de la muerte del fiscal están bajo la lupa de la opinión pública y de la clase política, conjuntamente con las hipótesis de la investigación criminal, que crecen y se desintegran minuto a minuto, sobre quién lo mató o quién lo obligó a quitarse la vida. Recién a las 3 de la mañana del lunes se confirmó públicamente la muerte del fiscal. Berni, hoy envuelto en una tormenta política, se apuró a asegurar que todo indicaba "que se trataba de un suicidio" y ese mismo día, por la tarde, tras leer el informe de los forenses, la fiscal Fein declaró que no había indicios de "participación de terceros". Una vez que el cuerpo comenzó a hablar, el Gobierno desarrolló una estrategia para enfrentar a la opinión pública: sostuvo que sectores mafiosos lo habían obligado a matarse. El testigo clave En una primera declaración ante Fein, Diego Lagomarsino testificó que el fiscal Nisman le pidió su arma por temor a que atentaran contra su vida o contra la de sus hijas. El favor fue solicitado en forma personal, cuando cerca de las 17 Lagomarsino acudió a la torre Le Parc. De ahí que tuvo que regresar a su casa, poner la Bersa 22 en una mochila y llevársela a Nisman a su departamento cerca de las 20. El viernes, la Justicia le prohibió al asistente del fiscal salir del país, le puso una custodia y todavía no se sabe si será citado como testigo o si se lo acusará por haber prestado su arma, algo que no está permitido. La fiscal también tomó declaraciones testimoniales a ocho de los 10 custodios que tenía Nisman –dos estaban de vacaciones– y, también, a los familiares y empleados del fiscal muerto. Entre ellos, a la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, exesposa de Nisman y madre de sus dos hijas adolescentes. Todo el entorno del fiscal fallecido sostiene que este no dio indicio alguno de querer atentar contra su vida. La reacción del Gobierno Cristina Kirchner rompió el silencio 24 horas después de que el fiscal Nisman apareciera muerto. No utilizó la cadena nacional sino que eligió un camino informal: su cuenta en la red social Facebook. En una primera carta sostuvo la hipótesis del suicidio inducido e insinuó que Nisman había sido un títere de alguien –no dio nombres ni usó esa palabra– que le escribió la denuncia contra el Gobierno y lo obligó a volver de su viaje por Europa con urgencia para presentarla. "¿O será que alguien se la dio cuando volvió?", posteó la mandataria. El resto del elenco oficialista rápidamente salió a repetir el mismo rosario de dudas. Los diputados K, comandados por Julián Domínguez, fueron quienes admitieron la existencia de una guerra de servicios y la necesidad de democratizar y transparentar las estructuras de Inteligencia. Hoy, arrinconada por lo que todos entienden ha sido un crimen político-mafioso, Cristina Kirchner intenta sostener la teoría de que "necesitaban a Nisman muerto" para perjudicar a su gobierno.Este es el principal argumento de la segunda carta que publicó en Facebook, el jueves a primera hora, luego de que la hipótesis del asesinato del fiscal tomara más y más fuerza. Una tercera entrada al departamento, huellas dactilares y plantares, y una serie de interrogantes como que el disparo fue en la sien derecha y Nisman era zurdo, hicieron empalidecer la certeza defendida a rajatabla por el Gobierno durante 72 horas de que el fiscal no había soportado la presión y por ello se había suicidado. Los principales voceros K debieron retractarse y amoldarse a la nueva opinión de la Presidenta. Paralelamente, comenzó a fabricarse un nuevo enemigo para usar de chivo expiatorio de una crisis política e institucional que cultivó y cosechó el propio kirchnerismo.