El elegido que cumplió y se merece otro pacto
Unión por Córdoba pactó con la UCR porque confió que Decara iba a ser un “colaborador crítico de la administración”. Más colaborador que crítico, tal como lo demostró en su gestión.
Hace cinco años, en septiembre de 2008, un sector de la UCR pactó con el oficialismo provincial a fin de obtener el apoyo necesario en la Unicameral para designar a un dirigente de ese partido en la Defensoría del Pueblo de la provincia de Córdoba.
Los objetivos del pacto eran muy claros y quedaron expuestos en las semanas en las que se gestó. El Gobierno provincial, en aquellos días a cargo de Juan Schiaretti, estaba “en falta” por demorar la designación del ombudsman. Además, la radical Jessica Valentini, heredera interina de esa responsabilidad por ser la adjunta nombrada por quien había sido el último defensor (el ya fallecido Nelson Filippi), había comenzado a esbozar algunas críticas a la gestión schiarettista. Valentini pretendía disputar alguna candidatura en la interna radical y la Defensoría era una buena plataforma desde la cual hacerlo. Pero le bastó el esbozo de la crítica al Gobierno para que su suerte quedara sellada.
Como iba a resultar grosero que el oficialismo eligiese a uno de los suyos para el cargo, el radicalismo le entregó a Schiaretti la propuesta de solución en un paquete cerrado: la designación de Mario Decara, un dirigente radical del valle de Punilla con muy buena relación con el por entonces ministro de Gobierno Carlos Caserio, actual asesor con rango de ministro y tercer candidato a diputado nacional por Unión por Córdoba. Además, Decara era –es– un experto en las artes del consenso bipartidario, con el que había hecho carrera y buenos amigos. Su designación era un golpe al hígado para el juecismo, que desde la primera minoría también presentó un candidato.
Al radicalismo, Decara le servía porque era “del palo”, porque iba a manejar un presupuesto interesante y porque aseguraba trabajo y remuneración (no siempre las dos cosas juntas) para más de una decena de correligionarios desempleados. A Unión por Córdoba, le cerraba la historia porque confiaba ciegamente en que el dirigente de Punilla iba a ser –como dice la ley de la Defensoría– un “colaborador crítico de la Administración”, más colaborador que crítico, tal cual lo demostró en los últimos cinco años. Ahora, en silencio, Decara intentará la reelección. Ha cumplido. Se merece otro pacto.

