Temas del día:

El día que el Estado se fue

Es posible que todo lo escrito sobre los saqueos no alcance a describir la gravedad de la violencia y la dimensión del miedo que vivimos en la noche del 3 y la madrugada del 4 de diciembre. 

08 de diciembre de 2013 a las 03:54 p. m.
Luis Juez (Senador de la Nación)
El día que el Estado se fue

Es posible que todo lo escrito sobre los saqueos no alcance a describir la gravedad de la violencia y la dimensión del miedo que vivimos en la noche del 3 y la madrugada del 4 de diciembre. La peor noche de los últimos 30 años. Pasarán informes, lloverán excusas (¿con renuncias?), pero nada ha de reparar la herida profunda en el tejido social, tajo fatal en el cuerpo de un gobierno provincial vetusto en sus capacidades y joven en su voracidad y codicia. Las bases. El conflicto policial se veía venir. Hubo avisos, "sentadas" de las mujeres de los agentes, pronunciamientos en las redes. La fuerza estaba herida de muerte por el narcoescándalo. Se ahondaba el abismo entre la cúpula, "que se enriquece", y los policías, que "le ponen el pecho a las balas" por 4.600 pesos. El acuar­telamiento fue la instancia extrema, decidida en un diálogo de sordos y con tufo a extorsión. Es bravo negociar con un fierro sobre la mesa. Con la seguridad no se jode El Gobierno no está. Córdoba comenzaba a inquietarse en horas de la tarde. El transporte anunciaba cortes, algunos negocios cerraban sus puertas, rutas desiertas, guardias ausentes… y las calles se impregnaban de un clima enrarecido. Los delincuentes son choros, no sordos. Sabían que la ciudad sería zona liberada. El gobernador De la Sota de viaje y ninguna voz oficial informaba y se hacía cargo del conflicto. La luz se iba de las edificaciones, la veredas y de las cabezas de los funcionarios del gobierno de la provincia y también de la ciudad. Y como todos saben, cuando hay silencio, hay desconcierto. El Estado se fue. Cuando el desconcierto ya era miedo, asistimos a un hecho demencial: cuando en Córdoba el gobernador está a 10 mil metros de altura, desaparece el gobierno y el Estado. Absolutamente ninguna institución oficial, ningún ministro, ningún jefe tomaba una decisión. "No se puede pedir la gendarmería por Twitter", dijeron desde el Gobierno nacional y la frase describe un escenario desquiciado. Como si fuera poco, la prensa iniciaba la cuenta regresiva sobre el arribo del avión que traía a... nadie. De la Sota era nadie. Y Córdoba ya era un caos. El vacío dejado por el Estado se había llenado de motos, caños, escopetas, fierros, rabia, tristeza, sangre y psicosis. Lo demás ya se conoce. Nunca más, millones de vecinos encerrados en sus casas pueden ser abandonados a la calamidad y la violencia mientras los responsables –gobiernos provincial y nacional– juegan a la política más miserable ante un conflicto que tranquilamente pudo evitarse.