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El “déjà vu” noventista de los gobiernos progres

El partido de Pablo Iglesias podría tomar el poder justo cuando Rajoy está concluyendo el trabajo sucio en España. Una especie de Néstor Kirchner después de Eduardo Duhalde. Salvando las distancias.

28 de mayo de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El “déjà vu” noventista de los gobiernos progres

En una sola semana, los gobiernos progresistas y nacionalistas de Grecia, Venezuela y Brasil han generado un déjà vu de recetas y fórmulas de la Argentina noventista. Raro: todos estos gobiernos llegaron al poder cuestionando el "neoliberalismo", pero ahora sus políticas económicas transitan por lugares parecidos a los que caminó Fernando de la Rúa. Grecia y el corralito El gobierno de Syriza encabezado por Alexis Tsipras asumió en enero luego de una promesa demagógica e incumplible: terminar con los ajustes (la austeridad, le dicen) sin abandonar el euro (un paralelo de la convertibilidad) ni la Unión Europea. Grecia acumuló su deuda justamente luego de años de déficits fiscales. Sin poder emitir, sólo le queda generar superávits para afrontar el pago de intereses. Tsipras ya enfrentó el fin de semana la rebelión del ala más radical de Syriza, que propuso ir al default y salir del euro antes que resignarse a ajustar el sistema previsional (¿el recorte de 13 por ciento de De la Rúa?), reformar leyes laborales (recordar la Banelco) y otras cosas que Tsipras había catalogado como "líneas rojas" que jamás cruzaría.En estos devaneos, Tsipras ha ido perdiendo el tiempo. El 5 de junio debe pagar 1.600 millones de euros al Fondo Monetario Internacional, pero necesita cerrar antes un acuerdo para que Europa le destrabe fondos con los cuales hacer ese y otros pagos (como las pensiones, que tenía que afrontar desde ayer). El temor al default extremó la fuga de capitales, temerosos de una confiscación. El diario Ekathimerini ha contado que algunos supermercados transfieren todos los días, al cierre, su facturación a Bulgaria, de la cual reingresa una parte al otro día para volver a operar.El lunes, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, sugirió un impuesto a la extracción de billetes en cajeros, para incentivar el pago electrónico; o sea, una variante del primer corralito que estableció en Argentina Domingo Cavallo. Al rato, y tras un reto de Tsipras, lo negó. Maduro y la dolarización En la siempre exótica Venezuela, el chavismo pudo en una década, gracias al monopolio de los dólares que le garantizaba la petrolera PDVSA, gestar un Estado Gran Hermano que asfixió a toda la economía productiva con confiscaciones y expropiaciones. Pero los dólares ya no alcanzan desde hace rato porque la sumisión política se logró haciendo que casi todo el mundo dependa del Estado para sobrevivir. Casi todo debe importarse porque ya poco se fabrica adentro. Encima, el precio del petróleo bajó, PDVSA produce menos y parte del crudo ya se vendió por adelantado a China. El presidente, Nicolás Maduro, no tiene respuesta para la bomba de devaluación, inflación, pérdidas de reservas y desabastecimiento que dejó armada Hugo Chávez. Hasta exministros de Chávez –como Héctor Navarro, que fue muy cercano a Maduro– le piden que "deje de anunciar que va a anunciar algo". Estados Unidos y España ayudaron a Maduro a disimular su impotencia al generar noticias o tomar medidas que permitieron al presidente retomar un discurso chauvinista por unos días.Anteanoche, Maduro negó que vaya a dolarizar la economía, mientras hace la vista gorda al proceso. El hecho más conocido es que Ford comenzó a vender por adelantado autos cobrando en dólares billete. Es la única manera en que puede importar las autopartes que necesita, ya que el Banco Central debe dedicar los dólares a bienes esenciales que el país ya no produce (hasta café, ¡en Venezuela!), con un sistema tan corrupto como intervencionista.El monopolio estatista para garantizar la independencia termina reemplazando la soberanía monetaria por una dolarización de hecho que recuerda a la que se proponía en Argentina en 2001, cuando la confianza en el uno a uno ya no existía. Dilma y el ajuste En Brasil todo es más racional. Después de una década de gobiernos dispendiosos y de un año en que Dilma Rousseff tiró la casa por la ventana para lograr su reelección, el gobierno del Partido de los Trabajadores de Lula encara un duro ajuste. La semana pasada se anunció un paquete de recortes y subas de impuestos por 24 mil millones de dólares que el ortodoxo ministro de Hacienda Joaquim Levy (puesto por Rousseff para tranquilizar a los mercados) juzga insuficiente. Todo sucede en medio de escándalos de corrupción desatados por el caso Petrobras. Ayer, diputados opositores denunciaron a Rousseff por maquillar el desbarajuste de las cuentas públicas en 2013 y 2014 con fondos de bancos públicos y esperan iniciar un proceso de destitución en el Congreso. Ahora, todos con Ada Por suerte para los progresistas del mundo que se emocionaron con Syriza, el chavismo y Dilma, una nueva estrella concentra su atención. Es Ada Colau, probable futura alcaldesa de Barcelona y emergente de la ola de Podemos, el partido de Pablo Iglesias que, a medida que se acerca al poder, se esmera por dejar en el olvido sus viejos halagos a Venezuela o Grecia, cuyos "proyectos" instaba a emular en España. Allí las cosas aparecen bien para Podemos. El presidente Mariano Rajoy ha quemado el capital político del Partido Popular (la prueba son las elecciones del domingo último) para reordenar el desmadre fiscal y financiero que populares y socialistas habían armado en dos décadas felices y corruptas, estalladas con la burbuja inmobiliaria. Varios datos económicos (la tasa de interés, el empleo, los valores inmobiliarios) indican que, muy lentamente y con huecos sociales, España deja atrás la crisis, aunque el desempleo siga muy elevado.El partido de Iglesias podría tomar el poder justo cuando Rajoy está concluyendo el trabajo sucio. Una especie de Néstor Kirchner después de Eduardo Duhalde. Salvando las distancias.