Dos mil pesos de melancolía
Nadie pensó cuánto significan 2.000 pesos como poder de compra de un salario en Palpalá, Jujuy, o en Pilar, Buenos Aires.
Que la Argentina esté discutiendo como un tema central si casi 6,5 millones de asalariados en blanco cobrarán o no un bono navideño de 2.000 pesos, equivalentes a 129 dólares, no puede parecer sino otra muestra de la vocación melancólica de esta sociedad, deseosa de una homogeneidad que desde hace décadas promete menos riesgos, aunque casi nunca logró conjurarlos con esos métodos. Todo lo contrario, si se juzga por la historia. La fantasía de estas igualdades por decreto, al grito de "aura", esconden la imposición de unas rigideces con las que las empresas –forzadas a fenecer o multiplicarse, porque ellas no imprimen dinero, tienen clientes en vez de contribuyentes y carecen de prestamistas forzados tipo la Anses– difícilmente puedan vivir.El bono navideño de 2.000 pesos seguramente no ahogará a las que lo paguen. Pero su mecanismo es una buena muestra de cómo funcionamos. Por eso le dedicamos hoy un lugar de privilegio en nuestro Primer Plano, desplegado en las páginas 3 y 4 de esta edición.Sin que nadie diga "agua va", en Buenos Aires, Gobierno, Iglesia, gremios y algunas cámaras empresarias se despacharon en un par de horas con una cifra: 2.000 pesos.Nadie pensó cuánto significa eso como poder de compra de un salario en Palpalá, Jujuy, o en Pilar, Buenos Aires. Ni cuánto le puede costar conseguir ese dinero a un comercio pequeño de San Luis o a un bufete de abogados del microcentro porteño. Por eso, en el fondo y casi con seguridad, el bono no vendrá impuesto por un decreto ni nada que se le parezca. Es probable que una imposición de ese tipo ni siquiera pudiera resistir un planteo de inconstitucionalidad, aunque, por supuesto, tomaría años.Es que, al final, la melancolía no suele actuar sobre los hechos; apenas logra, a veces, hacernos sentir nostalgia por las cosas que jamás sucedieron.

