Desafío político
Si la política tiene algún sentido en las sociedades democráticas es el que debería aparecer para encauzar las diferencias que ayer enardecieron el ingreso a la planta de Monsanto.
Si la política tiene algún sentido en las sociedades democráticas es el que debería aparecer para encauzar las diferencias que ayer enardecieron el ingreso a la planta de Monsanto.
Los manifestantes que obstruyeron la entrada a la planta expresan una opinión maximalista: sostienen que el interés general se identifica con su mirada acerca de los riesgos ambientales. Y que eso justifica desafiar las reglas de libre circulación garantizadas por ley.
Los trabajadores que reclaman la intervención de sus representantes gremiales interpretan que el interés general no puede ser adverso a su legítimo derecho al trabajo. Y, aunque no lo convaliden en público, es perceptible que también pueden llegar a admitir la posibilidad de recurrir a vías de hecho.
La empresa tampoco carece de fundamentos para expresar su propio reclamo. Cumple con la legislación vigente y no es menos cierto que su inversión coincide con otras expectativas comunitarias tan legítimas como el cuidado del medio ambiente: el progreso, la generación de fuentes de trabajo y recursos sin los cuales la justicia social sería una simple redistribución de la pobreza.
El conflicto es el punto de fricción de estos intereses contrapuestos. La política es la articulación de consenso a partir de ellos. Que ese objetivo sea difícil, no es un obstáculo. Es la esencia misma de la tarea.
Es la política la que debe nutrir la acción del Estado, que no puede estar ausente en ninguna de las instancias de mediación. La deserción de la política sólo puede terminar en la judicialización de todos los conflictos o en su reemplazo por el bastón represor. Ocurrirá si en los distintos niveles del Estado prima la lógica competitiva –hoy de fajina y en campaña– por sobre la acción cooperativa.
Sucederá también si un actor clave, el Estado nacional, alimenta en sí mismo una contradicción: el apoyo simultáneo a estos métodos de los ambientalistas y a los objetivos de la empresa y sus trabajadores.
Las leyes son espacios comunes. Existen. No son un engaño imaginado para escamotearle al pueblo el logro de sus objetivos. Son el camino, el único válido, para obtenerlos.

