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De la Sota vs. Nación

2015 fue el año de la despedida y estuvo atravesado por su fallida incursión nacional. 

28 de diciembre de 2015 a las 12:20 a. m.
De la Sota vs. Nación

“Quiero que a Cristina le vaya bien. Vamos a colaborar buscando el beneficio común. Nos vamos a poner de acuerdo, por el bien de Córdoba y de Argentina”. Las palabras salieron de la boca del ahora exgobernador José Manuel de la Sota. El tono dialoguista remite al 10 de diciembre de 2011, día en que el tres veces mandatario provincial asumió la gobernación. 2015 marcó el final de su estadía de 12 años no consecutivos en el poder.

Y fue precisamente la (no) relación que mantuvo con la Nación el eje central que marcó sus últimos cuatro años al comando de la provincia. Aún con el país en crecimiento, De la Sota inició su gobierno, el cuarto seguido de Unión por Córdoba (UPC), con el desafío de afrontar el déficit creciente de la Caja de Jubilaciones, situación que se agravó desde principios de ese 2011, cuando la administración K cerró el grifo de fondos para cubrir el rojo previsional.

Pese a haber bajado la lista de diputados nacionales de UPC, el diálogo con la Rosada nunca arrancó. Todo lo contrario. Y De la Sota hizo de esa debilidad una de sus fortalezas políticas. Claro que esa puja no fue inocua para los cordobeses. La disputa, que incluye capítulos pendientes en la Justicia, alumbró el diferimiento por seis meses de los aumentos para los pasivos provinciales y la creación de la polémica tasa vial.

Mientras gobernó y avanzó con algunas de sus promesas, como la puesta en marcha del Boleto Educativo Gratuito y la construcción de las autovías Córdoba-Río Cuarto y Córdoba-San Francisco, para citar algunas, De la Sota dejó crecer un enemigo interno poderoso que hoy, ya alejado del poder, continúa indomable: la Policía.

Esa fuerza fue la que le proporcionó su hora más oscura, en diciembre de 2013. El acuartelamiento de miles de efectivos policiales transformó a la Capital en una selva. La foto de De la Sota lejos de Córdoba, portando una bolsa de free shop en el aeropuerto de Panamá mientras la ciudad comenzaba a arder, será por siempre el peor de sus retratos.

Ese capítulo también tuvo un apartado nacional. Cristina vio por ese entonces a De la Sota de rodillas pidiendo ayuda, pero ni así ordenó de manera urgente la intervención de los gendarmes, lo que hubiera mitigado los efectos del paro policial.

Con la imagen por el suelo, De la Sota encaró la segunda mitad del mandato con el objetivo de recobrar la iniciativa de una gestión a esa altura golpeada. Fue en ese momento cuando endureció su postura frente al poder central. Con mayoría parlamentaria, convirtió en ley dos iniciativas que son un sello de su gestión: el Programa Primer Paso y las Becas Educativas.

2015 fue el año de la despedida y estuvo atravesado por su fallida incursión nacional.

El gobernador saliente sólo pudo cantar victoria en Córdoba durante las Paso, pero cayó frente a Sergio Massa. Su sueño presidencial se esfumó otra vez. Su futuro rol, dice, será el de ayudar a ordenar el PJ para devolverlo al poder. No la tendrá fácil: hay jugadores de peso que van por lo mismo.

Igual, De la Sota se va con la sonrisa que le devolvió el fallo de la Corte y que le significará un alivio financiero a su sucesor, Juan Schiaretti. “No peleaba por pelear, peleaba porque Córdoba tenía razón”, repitió en su despedida.