Cuando no sólo el pasado es el que te condena
De la Sota no sólo se ufanó siempre de no aumentar impuestos, sino que hace campaña nacional con ese discurso. Pero esta semana impulsó incrementos de hasta el 100%. El ajuste y la discriminación nacional.
Circuló en las redes sociales aquella frase que a José Manuel de la Sota le gustaba repetir hace un tiempo: “El que sube impuestos es porque no sabe gobernar”. La cita es de la época en la que el gobernador promocionaba su modelo de rebaja impositiva.
Bien podría decirse que el paso del tiempo y los cambiantes contextos políticos y económicos han dejado vetusta la reflexión, salvo por el detalle de que De la Sota hace campaña nacional actualmente proponiendo una extendida rebaja de impuestos para reactivar la economía.
Si fuese cierto aquello de que somos esclavos de nuestras palabras, un grillete sujetaría al gobernador que decidió esta semana subas de tasas y tarifas de hasta el 100 por ciento.
Hay una cuestión importante que no por repetida hasta el cansancio deja de ser clave para arrancar: el Gobierno nacional se ufana de no aumentar impuestos, cuando en realidad es la administración que más los incrementa, ya que buena parte de la recaudación está atada a la inflación, ese flagelo que carcome los ingresos de todos los asalariados y en especial de los sectores de menos recursos.
El IVA y Ganancias son dos pilares de la caja nacional y ambos aumentan al compás de la suba general de precios.
La Nación ajusta por inflación y eso da pie a los gobernantes provinciales y municipales a subir contribuciones. El tema es que, en muchos casos, incrementan más del doble de la estimación más alta de alza nacional de precios.
Se hace camino al aumentar
El ajuste delasotista más duro viene por el lado vial: subas en la tasa cordobesa a los combustibles y en los peajes.
Los funcionarios provinciales sostienen que la discriminación que sufren por parte del Gobierno central los obliga a buscar recursos por otras vías para financiar las obras viales.
La oposición y sectores productivos, muchos de ellos muy alejados del kirchnerismo, consideran insuficiente y falaz el argumento. Aseguran que hay una presión desmedida, producto de problemas locales en la administración, lo que aumenta el llamado “costo Córdoba”.
En el Gobierno provincial, sostienen que no existe tal “costo Córdoba” y que lo que hay es una especie de “ventaja Córdoba” por los avances en infraestructura vial, afirmación que es puesta en tela de juicio por diferentes sectores de la producción y los usuarios corrientes.
La discriminación del Gobierno nacional es evidente y palpable. Una recorrida por otras provincias permite constatar que hay mucha inversión financiada desde el poder central, mientras que, en Córdoba, ni de las rutas nacionales se hace cargo la gestión kirchnerista.
También es cierto que las promesas provinciales de emprendimientos son más voluminosas que las cintas cortadas. Parafraseando aquella cita atribuida a Juan Domingo Perón de que “los precios van por el ascensor y los salarios por la escalera”, en Córdoba los ajustes de tasas y tarifas van por el ascensor y el asfalto por la escalera.
Y hay un tema especial en el ajustazo decidido por el Gobierno provincial: el aumento de Epec.
La empresa de energía encabeza la tabla de las quejas, insatisfacciones, insultos y malestares varios de los cordobeses. Primero te aumento y después veo si te presto el servicio, es una lógica que ha encendido el malhumor social cada vez que se apaga la luz.
El fuerte ajuste provincial logró unir a tres fuerzas de la oposición que De la Sota y los suyos vienen intentando –con bastante éxito– que no se junten. El comunicado de los titulares de la UCR, el Frente Cívico y el PRO pone el acento en vincular los aumentos con una supuesta necesidad de recaudar para disponer de fondos que sostengan la campaña presidencial del gobernador.
Actos como el de ayer, con el gobernador entregando como dádiva fondos de la tasa vial, refuerzan ese concepto de la utilización electoral-personal del dinero aportado por los contribuyentes.
Y por electoral que sea el año que viene, el ajuste en marcha se sentirá y mucho. Además, no hay que olvidar que antes de enero está diciembre.

