Córdoba espera, con una agenda propia
Tras 12 años en los que la Provincia figuró poco y nada en las prioridades de la Casa Rosada, el talonario de facturas es abultado.
Cuando esta noche las urnas develen el misterio más extendido de los últimos meses, y se sepa finalmente si el nuevo presidente es Daniel Scioli o Mauricio Macri, en los principales despachos de la Provincia y también de la Municipalidad de Córdoba ya tendrán en mano y listos para ir a la ventanilla de reclamos, varios talonarios de facturas para pasar. Será el lógico bumerán de expectativas, tras 12 años en que Córdoba figuró poco y nada en la agenda de la Casa Rosada.

Ambas jurisdicciones esperan desandar el camino contrario al que mostró la larguísima campaña electoral nacional, que paseó a ambos candidatos por estas tierras, igualmente empalagosos en sus promesas y halagos hacia Córdoba y los cordobeses, en su intento por captar votos.
Scioli equiparó a la provincia con “el corazón del país” y Macri la definió como el “motor del desarrollo”.
Esas actitudes coincidieron con el caudal de votos pasibles de conquistar que había en Córdoba tras la salida de escena de Sergio Massa y José Manuel de la Sota de la carrera presidencial; pero también, con las insinuaciones de una suerte de gesto de “reparación” hacia Córdoba, por una discriminación del poder central que los dos candidatos –a su manera– reconocieron.
Aunque la realidad de la estrechez económica después dirá qué consiguen efectivamente, tanto el gobernador electo Juan Schiaretti, como el intendente reelecto Ramón Mestre, tienen nuevas expectativas, en particular si gana Macri.
“Gane quien gane, el escenario es más promisorio que el que tuvimos los últimos cuatro años. Juan (Schiaretti) algo va a obtener. El sólo hecho de lograr interlocutores razonables será ya más que el ninguneo que nos hicieron a nosotros, sin concedernos ni siquiera audiencias”, graficó un ministro delasotista, respecto del escenario que viene. “Además, hay compromisos asumidos públicamente por Scioli y Macri. No les será sencillo desentenderse de eso”, agregó.
¿La agenda provincial? La de siempre, que se mantiene incólume en los últimos años: el envío de fondos para la Caja, y con ello, la chance de levantar el diferimiento de pagos a jubilados y de desistir de los juicios iniciados ante la Corte Suprema; la inclusión de Córdoba en la renegociación de deuda; el envío de fondos prometidos para obras y viviendas; la restitución del dinero que la Provincia puso, por caso, para ampliar las rutas nacionales 9, 36 y 19; y la liquidación del crédito pendiente por 540 millones de pesos para atender los daños de las inundaciones del pasado verano.
Otra de las expectativas centrales pasa por la posibilidad de que la Nación retome el acceso al crédito internacional y que vuelva a abrir ese grifo a provincias y municipios.
Tanto Schiaretti como Mestre prometieron en sus respectivas campañas mucha obra pública, que de ningún modo podrán financiar con recursos propios. Sí o sí necesitan aval nacional.
El gobernador electo ya exploró posibles aportes financieros en China y toda la semana pasada hizo lo propio ante el BID y Banco Mundial. Pero siempre todo estará atado también a las definiciones macroeconómicas que tomen Macri o Scioli.
En la Provincia también consideran que las perspectivas son mejores si triunfa el candidato de Cambiemos. No sólo por la amistad que hay entre Schiaretti y Macri, sino por el hecho de que este último asumiría sin mucho poder de fuego legislativo y estará urgido de sumar aliados para garantizarse gobernabilidad. La necesidad en este caso es mutua.
Si el presidente es Scioli, la cuestión podría ser un poco más vidriosa. Ese candidato expresó cada vez que pudo su predisposición para ayudar a Córdoba y terminar con los conflictos entre ambas jurisdicciones, aunque habrá que sopesar también la influencia que podría tener el kirchnerismo residual sobre una sucesión de su mismo palo político.
“Que ya no esté más Cristina, para Córdoba es una ventaja. Pero igual, ante un eventual triunfo oficialista, es una incógnita cómo se reposicionaría el kirchnerismo y qué relación trabaría con gobernadores como Schiaretti”, indicó un dirigente cercano a De la Sota.
En el caso de Mestre, claramente ata sus mayores expectativas a un posible triunfo de Macri, con quien atraviesa ahora el mejor momento de su relación política, que había nacido bajo el signo de una desconfianza recíproca.
Respecto de la ciudad, las expectativas pasan por cuestiones como el transporte, sea para revisión del tema subsidios, avanzar en la circunvalación férrea, u otras alternativas.
Mestre también imagina la posibilidad de anudar en tres niveles la cuestión de las cloacas, juntando el compromiso propio y de Schiaretti por hacer esa obra en la Capital, con la chance de que Nación habilite el acceso a créditos. Y en este punto, entra a tallar también la chance de contar con el Esop (Ente de Servicios y Obras Públicas), cuya creación se debate en el Concejo Deliberante.
En los últimos años, como no sean las millonarias obras prometidas y nunca concretadas que le ofrecieron al exintendente Daniel Giacomino, los aportes concretos de la Nación a la ciudad fueron muy modestos.
Esa lista incluye la ampliación de la planta de cloacas, la terminación del Hospital Príncipe de Asturias, el nuevo puente de Villa Warcalde, y no mucho más.
Por obvias razones políticas, Mestre personaliza más la posibilidad de asistencia nacional en la figura de Macri y descree de que Scioli vaya a tener para con la Capital una actitud distinta a la que configuró la Nación en los últimos años.

