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Con la soja, es difícil hablar de desestabilización

El caso Nisman apareció en un contexto de debilidad del modelo económico, con cepo al dólar, cerrojo y recesión. Sin embargo, cada año hay una cosecha millonaria que asegura la gobernabilidad.

30 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Con la soja, es difícil hablar de desestabilización

No pocos analistas y protagonistas de la política se preguntaron cuál puede ser el impacto en la gobernabilidad del caso Nisman. La propia Presidenta alimentó este terreno al jugar –en pleno duelo de la sociedad– la remanida ficha de la desestabilización. La imagen más patética de esa supuesta fragilidad fue la propia Cristina Fernández por cadena nacional. Sentada en silla de ruedas, el efecto buscado era conseguir cierta conmiseración, palabra cuya definición lo dice todo: compasión que se tiene del mal de alguien. Si no hubiera querido eso, simplemente con ubicarse detrás de un escritorio bastaba.Pero sabido es que Cristina tiene todavía por delante 10 meses de gestión. La experiencia argentina muestra con absoluta nitidez que tantos gobiernos civiles como militares debieron anticipar su salida o fueron derrocados cuando se quedaron sin dólares. Es aquello de la famosa crisis cíclica que se da cada una década.El kirchnerismo, contando el paso de Néstor, no está acostumbrado a gobernar con pocos dólares en la caja. Todo lo contrario: en estos 12 años se produjo el mayor aluvión de moneda norteamericana que haya conocido la Argentina vía boom de la soja y sus excelentes precios.La lluvia de dólares es cuantificable. En el gobierno de Raúl Alfonsín, el valor total de la cosecha anual era de 1.200 millones de dólares. Cristina terminó 2014 con ingresos por ese rubro de 30 mil millones de dólares, más de un tercio de los cuales quedan en la caja de la Nación vía las retenciones, cosa que hasta 2002 no existía.El problema es que expandió tanto el gasto político que, aun con estas cifras absolutamente desconocidas para la historia del país, las cuentas están en rojo. Eso motivó el cepo al dólar, el cerrojo a las importaciones y otras situaciones que metieron en recesión a la economía. En ese contexto de debilidad, apareció el caso Nisman. Pero la naturaleza dicta, sin embargo, que hay al menos una gran cosecha cada año; y la próxima, más allá de costos y precios, ya está creciendo en los campos del país. Los dólares llegarán en algún momento y, aun a duras penas, Cristina cerrará su ciclo. Aunque la muerte de Nisman sea realmente un drama nacional de eventuales consecuencias electorales, mientras exista semejante ingreso de divisas, será difícil que algún motivo político pueda anticipar la salida de un gobierno. Ni la de este, ni la de cualquier otro que venga en el futuro.