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Coleccionistas de fracasos

En lo estratégico, la Región Centro es otra muestra de la incapacidad de un desarrollo integrado. En lo coyuntural, los mensajes cruzados enturbian la política cordobesa.

24 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Coleccionistas de fracasos

De tanto coleccionar fracasos, los fracasos ya han dejado de lucirse en las vitrinas.

Ayer, Córdoba fue la escenografía de una nueva foto, esta vez con un tema que no genera casi atención ciudadana pero que tiene secuelas concretas en la desintegración que ha signado a la historia argentina.

Se reunieron los gobernadores (José Manuel de la Sota y Antonio Bonfatti) de la ya sepultada Región Centro, que debía integrar económica y políticamente a Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

El entrerriano kirchnerista Sergio Urribarri tuvo la coherencia de no asistir: pertenece a un proyecto profundamente antifederal.

Pensada allá por 1973 por los mandatarios Ricardo Obregón Cano (Córdoba), Silvestre Begnis (Santa Fe) y Juan Cresto (Entre Ríos), recién se concretó en agosto de 1998 con el protocolo que suscribieron los ahora fallecidos Ramón Mestre y Jorge Obeid.

En el famoso Rancho de Chiquito, a orillas de la laguna Setúbal, de la ciudad de Santa Fe, los entonces gobernadores le entraban a la boga a la parrilla un día antes de la ceremonia oficial y le contaban a un grupo de periodistas que compartían la mesa: “Si unimos los diputados y senadores de las dos provincias, tenemos más de 40 bancas, una representación superior a la de la provincia de Buenos Aires. El poder de negociación será muy fuerte y podemos cambiar el foco del desarrollo en Argentina”.

Un año después, se sumaba Entre Ríos, con lo cual, el producto interno bruto de la Región Centro se transformaba en el mayor de la Argentina y la representación parlamentaria pasaba a ser de 55 escaños (46 diputados y 9 senadores).

16 años después, no se registra una sola, ni una sola, actuación conjunta de los legisladores de las tres provincias en el Congreso.

Así, ese supuesto bloque de la supuesta integración regional vio pasar decenas de presupuestos y modificaciones impositivas que implicaron una pérdida de recursos de los estados provinciales a manos de la administración central.

Ni los legisladores ni los gobernadores. Porque cada uno mantiene su juego en función de la pertenencia a un proyecto político, no a su lugar de origen. Así, los oficialistas votan y aplauden cada cosa que hace el Gobierno, perjudique o beneficie a su distrito, y los opositores, a la inversa. Sin contar con los que van cambiando de rol de acuerdo a su conveniencia coyuntural, como han hecho algunos de los gobernadores en cuestión.

El posicionamiento ante el poder central fue uno de los tantos elementos que no se cumplieron de la promesa integradora, que incluía armonización tributaria, obras estratégicas y otras acciones que no se cumplieron, en un país cada vez más macrocefálico.

Dureza 

Mientras las cuestiones estratégicas naufragan de esa manera, la coyuntura política arroja gestos para todos los gustos y las mezcolanzas por estos días en Córdoba.

De la Sota no sólo puso en la grilla a los candidatos oficialistas para sucederlo, con Juan Schiaretti a la cabeza y Martín Llaryora y Daniel Pa­sserini más atrás, sino que tuvo inesperados elogios para Olga Riutort, que ha mantenido diálogos por dentro y por fuera del peronismo.

La pelea De la Sota-Riutort fue el motivo por el cual el peronismo fue dividido en las dos últimas elecciones en la ciudad de Córdoba.

El mensaje no sólo parece estar dirigido hacia el PJ, sino para el gobernante radicalismo, que usufructuó de esa división como lo viene haciendo el peronismo a nivel provincial en los últimos tres turnos electorales.

La oposición provincial está sacudida por los juegos cruzados de la UCR, el PRO de Mauricio Macri y Luis Juez.

Los operadores macristas sostienen que una alianza amplia va a ser muy complicada, porque “De la Sota maneja una serie de resortes para dinamitar acercamientos”.

Oscar Aguad amaga, una vez más, con romper con su partido para irse al macrismo (donde quiere ser candidato a vicepresidente y no a gobernador), mientras su gente sostiene que Ramón Mestre no avalará una alianza porque “De la Sota lo tiene agarrado” de lo mismo que los seguidores del intendente se ufanaban, tiempo atrás, en unos afiches.

Lo más suave que dicen los mestristas sobre Aguad en privado es “traidor”, y que si De la Sota cumple con su palabra de no buscar el cuarto mandato, es muy probable que el intendente intente repetir los pasos políticos de su padre.

El lenguaje político también habla bastante de éxitos y fracasos.