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Cartas del Indio

Los manifiestos de la Biblioteca Nacional son traducidos por Copani. Y los escritos de Gargarella dan paso a la pedagogía del oprimido de Del Sel.

31 de mayo de 2015 a las 12:01 a. m.
Cartas del Indio
Horacio González, uno de los ejes de la agrupación oficialista Carta Abierta, abrazada por la militancia afín al Gobierno nacional (Télam/Archivo)

E n el afán por extender su arraigo a territorios ideológicos inexplorados pero rentables para la acumulación política, el nuevo populismo diluyó las fronteras entre los aportes de la teoría política y el apoyo de bienpensantes de los rubros más diversos de la tarea intelectual o artística. Nadie en su sano juicio le hubiese exigido a Ernesto Laclau que cante con la solvencia del cubano Silvio Rodríguez, pero se presume posible que Rodríguez exprese lineamientos políticos con la profundidad de Laclau.Este fenómeno es tan irracional como extendido. En los plenarios de Carta Abierta, se entremezclan discursos de Horacio González y Ricardo Forster con balbuceos de docentes universitarios que no superarían un concurso de antecedentes y oposición.Y los manifiestos que elaboran en la Biblioteca Nacional, a su vez, son explicados y replicados en programas televisivos de propaganda oficial con reflexiones de artistas comprometidos y periodistas militantes que abarcan desde la politología de Edgardo Mocca y el activismo cercano a los servicios de inteligencia de Horacio Verbitsky hasta las canciones de Ignacio Copani y las provocaciones de Diego Brancatelli. Un modelo del significante vacío.En las filas republicanas, la tentación tampoco ha sido esquiva. Fabián Gianola traduce a Beatriz Sarlo, mientras la lectura de Roberto Gargarella cede paso a la pedagogía del oprimido de Miguel del Sel. Que acaba de recibir una inesperada validación vaticana.Puede presumirse con cierto grado de certeza que el debate de las ideas ante el fin del gobierno cristinista no avanzará mientras la discusión siga esperando las cartas del Indio Solari. No porque falten, sino porque tal vez lleguen. Un ejemplo El escritor Carlos Gamerro ha dicho que Julio Cortázar fue el primero en percibir y construir el peronismo como lo otro por antonomasia. "El peronismo es lo que no puede decirse; por eso, en su versión más memorable, Casa tomada se manifiesta únicamente como ruidos imprecisos y sordos, ahogados susurros. Cortázar es al peronismo lo que Kafka es al fascismo: no explora su política, sino su metafísica". Esa intuición artística de Cortázar no lo convirtió, sin embargo, en un analista clarividente del escenario político, aunque nunca se privó de opinar también sobre esos temas.En 1973, llegó a la Argentina días antes de la elección que clausuraba la dictadura militar. Estaba contento, como cualquier demócrata, con el retorno a las urnas. Parecía percibir las limitaciones del curioso dispositivo diseñado para el regreso de Perón al poder. Que haya elecciones, decía, ya es una batalla ganada. "Es una extraña batalla, porque no sabemos en realidad cuál va a ser el verdadero vencedor, y no me refiero al vencedor electoral". "Me resulta difícil comprender a un movimiento al que le falta una ideología definida". Hasta allí llegaban sus dudas.La historia es conocida: tres años después, otra dictadura arrebataba el poder. A lo más riesgoso de todo, Cortázar no lo entrevió. Puede disfrutarse de su literatura sin confundirlo con un oráculo. O cerrar todo con llave y tirarla por la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurra encontrar certezas. A esta hora y con la casa tomada.