Compartir
Política

Doble tilde. Blindaje anticipado del dólar electoral

El programa financiero del ministro de Economía, Luis Caputo, es la contraparte del plan político del flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli.

07 de julio de 2026, 19:24
Blindaje anticipado del dólar electoral
Luis Caputo, ministro de economía, intenta dar certezas sobre la marcha de la economía. (La Voz / Archivo)

En su ensayo sobre la larga agonía de la Argentina peronista, el historiador Tulio Halperín Donghi lanzó una hipótesis actual y urticante: si hay un rasgo que caracteriza a la vida política argentina, es la recíproca denegación de legitimidad de las fuerzas que en ella se enfrentan.

Con un agravante: esas mismas fuerzas políticas ni siquiera coinciden en los criterios aplicables para reconocer esa legitimidad.

Este diagnóstico es más severo de lo que parece. Lo que plantea es que existe algo más profundo que la polarización entre bloques políticos, porque la polarización admite algunos criterios mínimos de legitimidad reconocible al adversario. Pero si las divisiones se tensan al límite de tornar borrosos esos criterios mínimos, la consecuencia esperable es la ingobernabilidad.

El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió anunciar con amplia anticipación el programa financiero del Gobierno para lo que resta de este año y 2027. En especial, las previsiones para afrontar el cronograma de vencimientos de deuda en moneda extranjera hasta el final del mandato presidencial de Javier Milei.

La señal que intenta enviar a los actores económicos es que la recomposición acelerada de reservas del primer semestre de este año, más las previsiones existentes de superávit fiscal y comercial, garantizan que Milei tendrá los dólares necesarios para pagar cada vencimiento. Si esos dólares están, las posibilidades de una corrida cambiaria preelectoral disminuyen.

Caputo está abriendo el paraguas, en previsión de un clásico de los años en los que se procesa la renovación presidencial en la Argentina.

El mensaje de estabilidad transmitido a los mercados tuvo un efecto inmediato en una nueva baja del riesgo país. La sobretasa de riesgo argentino se acerca a niveles más adecuados para el regreso del país a los mercados de deuda.

Caputo dijo que por ahora no echará mano a ese recurso. Tampoco lo descartó a futuro. Ambas definiciones forman parte del blindaje al dólar electoral que el equipo económico intenta proveer al proyecto de reelección de Javier Milei.

No por anticipado ese blindaje tiene de arranque garantía de funcionamiento eficaz. Hay variables económicas predecibles –como las que intenta despejar Caputo– y hay otras que dependen de la dinámica social y política. Esas variables son impredecibles. Entre otras cosas, por aquella clave detectada por Halperín Donghi.

La lucha entre facciones políticas no tiene en la Argentina el límite de preservar una estabilidad económica mínima, imprescindible para dirimir liderazgos sin provocar enormes sufrimientos materiales a la población.

Halperín Donghi no escribió aquel ensayo en los tiempos en los que las divisiones políticas recurrían al arbitraje armado de los militares. Era una idea que traía desde los años 1960 y la actualizó más de una década después de la restauración democrática.

Es decir: ya había visto que la competencia electoral de los distintos bloques políticos, en su ánimo de conquistar el poder democrático, era capaz de arrasar con la economía sin medir las consecuencias. Atroces consecuencias, cabe señalar, que se ensañaron siempre con los sectores de ingresos fijos.

Variable imprevisible

El blindaje que intenta Caputo, por lo tanto, está condicionado por esa variable imprevisible.

El formato bajo el cual se desarrolla la crisis de esa variable es conocido: los opositores adjudican la corrida cambiaria a las inconsistencias propias del modelo aplicado por el oficialismo, y los oficialistas denuncian un ataque especulativo fundado en la amenaza anunciada por los opositores de un cambio drástico de modelo económico.

La historia de las gestiones económicas desde la restauración democrática es la historia de esas dos argumentaciones contrapuestas. Cambian los nombres de los ministros, persiste el formato de esa argumentación.

La edición más reciente de ese conflicto visceral se registró antes de las elecciones de octubre de 2025. No era una elección presidencial, pero casi: el Presidente se jugaba el tercio parlamentario de bloqueo para un eventual juicio político.

El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, asegura que el principal objetivo de su gestión política es la reelección del presidente Javier Milei. (La Voz)
El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, asegura que el principal objetivo de su gestión política es la reelección del presidente Javier Milei. (La Voz) (Archivo)

El blindaje que intenta Caputo debe ser leído como la contraparte del nuevo programa político del Gobierno. Desde el reemplazo de Manuel Adorni por Diego Santilli, la Casa Rosada admitió el desgaste político padecido al sostener al exjefe de Gabinete.

Un desgaste lo suficientemente grave como para torcer la estrategia electoral ultravioleta diseñada por Karina Milei y los primos Menem para obtener la reelección del Presidente. Santilli impulsa un diseño distinto, abierto a acuerdos tácticos con adversarios de otros partidos en territorios puntuales.

Por ahora, es sólo un enunciado cuya viabilidad depende de convertir el proyecto de reforma política presentado por el Gobierno en el Congreso en un mecanismo transaccional todavía difuso, con la suspensión o sin la obligatoriedad de las Paso.

Armar colectoras con boleta única, como ha trascendido desde el oficialismo, supone una ingeniería muy compleja. Supone una diferenciación entre distritos, categorías de cargos en competencia, fechas de elecciones locales y normas electorales yuxtapuestas. Un artefacto de relojería que puede alumbrar o detonar la reelección. Contra eso, no hay blindaje.