Armar la lista, desafío para radicales y macristas
El macrismo parece decidido a no conformarse con sólo acompañar, como sucedió con Javier Pretto y Nicolás Massot –fueron segundos de Mario Negri para Diputados– y con Laura Rodríguez Machado, coequiper en el Senado de Luis Juez.
El radicalismo provincial, la principal fuerza de la sociedad política y electoral que confluye con el macrismo y el juecismo en Cambiemos, discutirá por primera vez en su larga historia una nómina legislativa teniendo que compartir decisión con el PRO, dueño del sillón presidencial y con ansias de ensanchar su caudal de bancas en el Parlamento.
El hecho es inédito. Y por eso no deben sorprender los escarceos que ya genera la situación, los que se harán más visibles cuando se avecine la elección del 22 de octubre.
Esta vez, a diferencia del único a rmado conjunto hasta aquí, de 2015, el macrismo parece decidido a no conformarse con sólo acompañar, como sucedió con Javier Pretto y Nicolás Massot –fueron segundos de Mario Negri para Diputados– y con Laura Rodríguez Machado – coequiper para el Senado de Luis Juez, quien luego dejó su lugar para competir por la intendencia capitalina.
La apetencia “amarilla” no es desconocida en la Casa Radical y desde los diferentes sectores internos se aprestan a jugar en este nuevo tablero, no tenido en cuenta en su total magnitud cuando en marzo de 2015, en Gualeguaychú, los radicales levantaron la mano mayoritariamente para hacer un alto en su historia y aceptar mixturarse en lo que luego terminó siendo Cambiemos.
Como se observa, la cancha cambió y la potestad de la pelota es ahora ajena, no propia.
Con todo, en la UCR cordobesa aseguran que defenderán no sólo la cantidad de bancas a renovar (tres), sino el “lugar que por tradición y peso territorial tiene el partido en toda la provincia”.
Ese discurso, compartido y repetido aun por buena parte de los radicales (y que ha demostrado en el plano provincial ser insuficiente para ganar desde 1998 hasta aquí), choca de frente con la ingeniería comunicacional cada vez más propagada por el ecuatoriano Jaime Durán Barba, a quien le importan más las encuestas y los timbreos que las intendencias en manos radicales.
Más que generosidad
Reconocida en privado por los protagonistas, la situación es compleja para los boinas blancas. Una serie de factores confluyen para elevar el nivel del desafío que tienen por delante. El primero, ya expresado, es el cambio de roles: el macrismo es en la sociedad el que hoy firma los cheques. Pero, además, los radicales, antes que todo, deben dirimir la siempre desgastante interna que llevan como una marca en su ADN.
Esas pugnas comenzaron a finales del año pasado; ahora se acelerarán. La disputa entre hermanos, ya lo dijo José Hernández, favorece a los de afuera.
En ese tablero, mueven piezas figuras repetidas: Ramón Mestre, con control en los principales órganos partidarios y con ticket para luchar por la gobernación en 2019; Negri, quien exhibe como principal fortaleza su aceitada llegada a Macri y se muestra dispuesto a ir por más en el futuro; y Oscar Aguad, titular de la cartera nacional de Comunicaciones, que aparece en un lote de potenciales ministros que haría jugar Macri, aunque desde su entorno rechacen la idea de volver al Congreso.
La estación previa a octubre son las primarias del 13 de agosto. Tanto radicales como macristas las utilizarán como herramienta, pero sólo para “torearse”. Macri no quiere disputas, y menos en el distrito que lo catapultó a la cima del poder. Parece haber aprendido la lección de no morder la zanahoria que el kirchnerismo utilizó durante años para ver desangrar a sus adversarios en las Paso, mientras el Frente para la Victoria repetía nómina en agostos y octubres sucesivos.
A la espera de los movimientos en Unión por Córdoba, en especial saber qué rol tendrá José Manuel de la Sota, los nombres en danza para esa lista en construcción se siguen amontonando. El último es Juan Jure, exintendente de Río Cuarto. El radical quiere tener un papel destacado y comenzará a hacerlo saber.
La sábana es corta, y la cama, chica: hasta octubre, será difícil conciliar el sueño en Cambiemos.

