Justicia provincial. Armando Andruet: "El fuero anticorrupción no satisface la expectativa de la sociedad"
El exvocal del TSJ y titular del Tribunal de Ética del Poder Judicial consideró que se debe revisar la especificidad de ese fuero. Dijo que la Justicia cordobesa "está por encima del estándar general".
El ex vocal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba y actual presidente del Tribunal de Ética del Poder Judicial provincial, Armando Andruet, integrará este miércoles el panel que conmemorará los 32 años del atentado a la Amia, que dejó un saldo de 85 víctimas fatales y cientos de heridos. En diálogo con La Voz en Vivo, analizó las razones por las cuales ese ataque continúa impune y habló del “tiempismo judicial” como una práctica inmoral que se ejercita tanto en la Justicia federal como provincial.

El especialista señaló que esta conducta suele simularse bajo la excusa de la complejidad de las causas. Sin embargo, afirmó que ninguna magnitud de dificultades anula la posibilidad de encontrar una salida institucional al problema. Para el experto, una justicia postergada es “análoga a una memoria herida” para la sociedad. También se refirió a otros temas urgentes de la Justicia.
–¿Qué valoración hace en términos generales de este momento de la Justicia de Córdoba?
–Yo creo que efectivamente es un momento delicado, creo que eso es inocultable. Posiblemente esté muy vinculado con las coincidencias, o no coincidencias, que pueda haber con las situaciones del ámbito político nacional y provincial. Pero creo que de cualquier modo los mecanismos de rectificación de los comportamientos inadecuados van funcionando, posiblemente no con la celeridad que uno desea. También es cierto que hay campos muy separados en el Poder Judicial, que es muy grande, no se puede tener la contabilidad moral y funcional de la totalidad de ese espectro, y lo que se conoce y miramos son las situaciones emergencialmente negativas. Pero el impacto que tiene ese 5% negativo tiene una universalización de tal magnitud que afecta a todo el conjunto. Entonces, se va procediendo a de alguna manera hacer excavaciones más profundas para llegar a dónde están esos niveles de perturbación. Muchas veces se discute cuál es la función de un Tribunal de Ética en un Poder Judicial y es justamente ése, advertir esos emergentes.
—¿Qué cosas están llegando al Tribunal de Ética que tal vez hace cinco o nueve años no aparecían y hoy se cuestionan? Eso es revelador de lo que la sociedad está observando en la Justicia.
–Yo creo que es fundamental primero, digamos, la capacidad de denuncia pública y denuncia colectiva que a ese respecto se debe hacer. Yo muchas de las causas que he abierto en el Tribunal de Ética las he conocido por los diarios. Creo que los jueces deben comprender que su espacio de libertad de expresión, por ejemplo, no está prohibida, pero sí restringida, limitada, debilitada, porque los jueces pueden pensar de cualquier modo, pero no pueden decirlo de ese modo en el que lo piensan. Yo veo que con mucha ligereza los jueces hablan en las redes, hablan en los medios, hablan en cualquier lugar público de cualquier cosa sin ninguna perturbación ni preocupación moral.
–El femicidio de Agostina Vega conmovió profundamente a la sociedad y hubo fuertes cuestionamientos a algunas actuaciones judiciales previas. ¿El tribunal tomó en consideración ese caso? ¿Hay reproche para esos funcionarios?
–El tribunal de Ética no ha intervenido en esa situación, porque para esto también hay que comprender que nosotros no tenemos una función disciplinaria ni sancionatoria. Nosotros lo único que podemos hacer es generar una recomendación ética y eventualmente si tiene gravedad, lo elevamos al Tribunal Superior de Justicia para que ellos disciplinen. Aquí, en el caso del fiscal Iván Rodríguez, nosotros no hemos intervenido porque no nos corresponde hacerlo en este caso.
–Hay un fuerte cuestionamiento; sobre todo opositor, el rol del fuero anticorrupción. ¿Usted qué consideración tiene sobre el rol de ese fuero para llevar adelante investigaciones sobre funcionarios públicos en Córdoba?
–No es la opinión personal mía, sino que es una opinión colectiva: parecería que es un fuero que no cumple con la completa satisfacción de la expectativa de la sociedad respecto de su funcionamiento. El motivo no es que no existan causas.
–El motivo es que no existen condenas....
–No es la función del Poder Judicial pensar en el diagrama del sistema de Justicia, que en definitiva está marcado por otros espacios políticos. Pero me da la impresión de que ir generando competencias tan específicas a veces no resulta todo lo satisfactorio que uno puede pensar en la teoría. Uno puede diagramar un modelo de competencias específicas hasta que en un espacio de tiempo determinado, aparece que el resultado no es el esperado. Y si no es el esperado, debería pensar en hacer algún otro ajuste u otro cambio.
–¿Coincide que es una herramienta deslegitimada?
—Quizá podría pensarse que el problema también no es de diagrama del sistema, sino es de las personas que se ubican en esas posiciones. Eso también es posible. Pónganme a mí, que parezco ser y creo ser una buena persona, a que aterrice un avión y va a ver cómo estrello a 80 personas.
–Si uno mira el trabajo de ese fuero, pareciera que Córdoba es de otro país, que aquí vive dirigencia forjada en la transparencia
–Córdoba no es ninguna isla, Córdoba integra la República Argentina y tenemos las fortalezas y las debilidades de todos. Con franqueza y sin desmerecer ninguna de las consideraciones suyas, creo que a pesar de ver situaciones grises o muy oscuras, Córdoba está por encima del estándar general. Eso no tengo ninguna duda porque lo percibo, porque de hecho integro el único Tribunal de ética de todos los poderes judiciales de la República Argentina. Y eso marca alguna diferencia, es decir, marca que por lo menos hay un radar que está tratando de atender los problemas, que luego no concluyan todos esos problemas de la mejor forma o en la completitud que uno desearía, es cierto. Pero las rectificaciones que se van haciendo a niveles particulares, respecto a muchos temas, nos van delineando un perfil. No se transforma un poder judicial en pocos años, un poder judicial se transforma en muchos años. Y estamos en un tiempo en donde todos los magistrados hoy más viejos, aquellos que en realidad hemos podido generar alguna escuela, están desapareciendo.
–¿Se refiere a un tema de edad de los magistrados?
–Hoy estamos con un Poder Judicial con un corte etario bajo, y eso también sociológicamente tiene una respuesta que permite hacer ponderaciones. Me parece que tal vez hay que hay que empezar a mirar el tema del sistema de Justicia con una perspectiva mucho más crítica, pero crítica científica, respecto a todo este conjunto. Yo no voy a desmerecer que la juventud no sea una fortaleza y un registro importante, pero también la juventud tiene ciertas debilidades que son propias de la juventud. Los cargos de fiscales son cargos muy importantes, posiblemente mucho más decisorios para el ciudadano que lo que puede ser un juzgamiento en un tribunal. Hoy la matriz etaria de muchos fiscales es un tema, no sé si a los 30 años ese criterio está completamente formado. Es un punto que abre un gran debate.
–Se refiere no solamente al conocimiento del derecho...
–Los sistemas judiciales hoy deben ser atendidos como instituciones de una complejidad que no se solucionen solamente con saber derecho. Yo creo que si algo tiene de fortaleza nuestro Poder Judicial de Córdoba es que en realidad científicamente, epistémicamente hay mucha formación. Pero ahora, ¿es suficiente una formación epistémica para tener una buena justicia? Uno diría que es insuficiente eso, y creo que es por allí hacia donde hay que apuntar a futuro.

