Apretados, sin libreto y sin liderazgos
La película que se ve en las empresas carece del color de las fotos oficiales: allí se pierden horas de trabajo y no se sabe bien cómo se afrontarán los aumentos salariales ni la presión impositiva récord.
El propietario de parte de una galería comercial del Centro de la ciudad de Córdoba explica con total claridad su situación: "Tengo sólo un tercio de los locales desocupados que tenía en la crisis de 2001. Pero llevo perdida mucha más plata que en aquel año. La razón es simple: los costos de servicios, los impuestos son muchísimo más caros que en 2001". La presidenta de la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Córdoba, Isabel Martínez, lo dijo hace unos días con todas las letras: "No nos imaginamos cómo podríamos afrontar el 32 por ciento de aumento que plantea la Unión Obrera Metalúrgica (UOM)". Tampoco es que a los industriales resulte fácil saber de dónde saldría la plata para pagar el 22 por ciento ofrecido por las cámaras patronales.Pero, además, no es el único problema: "Mientras estamos trabajando con casi nula o negativa rentabilidad no sólo se nos vienen esos mayores costos: la presión impositiva también es récord. Y hay un grave problema de improductividad: el ausentismo es altísimo y hay un nivel de 'conflictividad hormiga', en la que por cualquier motivo se pierden horas y jornadas de mano de obra cada vez más cara", cuenta Martínez.La presión de las comisiones internas no es lo único que empuja a gremios como la UOM a un nuevo paro y a amenazar con una reunificación de oficialistas y no oficialistas. En las cúpulas cegetistas de todos los bandos, hay una puja soterrada con el Gobierno nacional, al que le reclaman que les devuelva 25 mil millones de pesos de las obras sociales detraídos de los aportes de trabajadores y nunca redistribuidos al sistema. Son el equivalente a los aportes del Tesoro Nacional y otros recursos fiscales escamoteados a las provincias.En ambos casos, las motivaciones de esa acumulación de deudas (que no se anotan en las cifras oficiales) fueron fiscales y políticas. La concentración de recursos fue paralela a la de poder. Y ayudó a que gremialistas, gobernadores, intendentes y empresarios acudieran por una década a la Casa Rosada a aplaudir y a comer de la mano. En el sándwich Ahora, todos quieren cobrar. La presidenta Cristina Fernández podría aprovechar para quedar bien: lo que conceda lo pagará el que venga. El jamón de ese sándwich de gremios, corporaciones y distintos niveles del Estado son las empresas. Apretados por el peso sobrevaluado, el cepo, los controles, los impuestos, las demandas plurimotivadas de los gremios, la debilidad de la demanda y las pujas políticas, empresarios del comercio, la industria, el agro, la construcción o los servicios viven una película cada vez más complicada.Es mucho más descolorida que las fotos que muestra la Presidenta en sus cadenas nacionales. O que la que se ingenió para mostrar ayer el ministro de Economía, Axel Kicillof, pese a que se trató de una admisión parcial de que hasta los grandes subsidiadores de la década (los productores de granos) deben pasar al bando de los subsidiados, para no morir.La película que se está pasando en las galerías comerciales y en los talleres tampoco es proyectada en las salas de los candidatos opositores, aparentemente con el argumento de que "la gente no quiere bajones". Todos contribuyen a mantener la ficción. Hasta que dure. El kirchnerismo duro ruega que aguante hasta 2016; los opositores, que aguante para siempre o, si no, que salte antes de octubre. Sorpresa: Scioli habla La excepción vino esta semana por donde menos se la esperaba. El principal asesor económico de Daniel Scioli, Miguel Bein, dejó por escrito lo que podría ser el primer capítulo del libro que más se venderá en 2016: La herencia . En La Nación , Bein enumeró que las reservas del Banco Central están sobrevaluadas en 13 mil millones de dólares de utilidades retenidas; 3.500 millones en importaciones adeudadas; 6.000 millones prestados por China y 2.800 millones de pagos frenados por Thomas Griesa, un paradójico salvavidas del "modelo".Del otro lado, Bein calcula que a fin de año habrá 440 mil millones de pesos adeudados por el Banco Central a los depositantes de los bancos, que se acumularon tratando de demorar la inflación. Es la última nave que quemó el kirchnerismo y constituye una mole creciente de pesos cada vez más preocupados por encontrar su lugar en el mundo, a salvo de una devaluación.Por lo demás, la élite política argentina parece dispuesta a actuar como lo viene haciendo desde hace décadas: nadie se ofrece a liderar un cambio y a administrar una crisis en términos civilizados. O no quieren, o no saben, o no pueden.Así, la crisis podría volver a sorprendernos como siempre: como fenómeno "natural". Como si fuera una inundación, un terremoto, una sequía. Justo al fin de la década en que había vuelto la política.

