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Alivio, con los ojos puestos en el bosque

13 de marzo de 2019 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Alivio, con los ojos puestos en el bosque

“No importa si estoy o no satisfecho con el fallo, sino que se ha pronunciado la Justicia. Lo que sí siento es alivio. Esto que acabamos de vivir es algo que durante años pensé que nunca iba a pasar: que un juicio con todas las garantías iba a llegar a la verdad”.

Raúl Berti miraba hacia el parque Sarmiento antes de emprender en paz la retirada de Tribunales Federales. En aquel invierno de 1976, el hombre vivía junto con su hermano Carlos en la casa de calle Brasil, en barrio Güemes, donde se desató la persecución que terminó con las vidas de José Osatinsky y José Villegas.

Esa mañana, a la hora de la balacera, estaba trabajando. Aunque él no tenía militancia política, ya no pudo volver a la casa ni a ver jamás a su padre, ni siquiera a su identidad: debió esconder su nombre y su rastro hacia el exilio en Brasil.

Y en el mediodía de ayer, casi 43 años después, tenía un puñado de palabras que, aunque cargadas de lo vivido, lo sentido y lo esperado en lo profundo de su árbol solo, intentaban ver el bosque.

“Esto no es personal; se trata de la sociedad que debemos construir. Una sociedad basada en la justicia es posible; pero basada en la injusticia es imposible. Y en esto no importa la ideología. Por eso creo que es un mensaje positivo que este proceso haya empezado con un gobierno de un signo político y concluya en otro del signo opuesto”.

El terrorismo de Estado es la experiencia más sombría y atroz que ha vivido la sociedad argentina desde su existencia, tanto que ha estremecido a toda la humanidad. Cada episodio en que la memoria es capaz de llegar a la verdad, y luego a la justicia, nos ayuda a aventar el fantasma del regreso alguna vez de semejante espanto.

Mucho ha sido el dolor derramado. Y si el dolor no dejara enseñanzas, tanto en las personas como en las sociedades, la aventura humana sería absurda.