Alberto Fernández, con el viento a favor para volver al poder
Alberto Fernández se paró anoche no como el candidato más votado en las Paso, sino como un virtual presidente electo.
La contundencia del resultado hace que ya sea mirado así hasta por los propios oficialistas, que a medida que se conocían las tendencias de votos de anoche le mandaron mensajes privados y públicos al candidato del Frente de Todos.
Alberto Fernández habló como hablan los gobernantes, ampliando el discurso a quienes no los acompañaron y no los acompañarán, pero sin perder el mensaje duro hacia la gestión de Mauricio Macri.
Escueto, el gran ganador de ayer pidió tranquilidad a los mercados, a los que les dijo que no hará “ninguna locura”.
De las palabras de Alberto Fernández se desprende que hay poco por cambiar. Lo que viene es mantener el discurso duro contra Macri, pero lo más racional que se pueda respecto de eventuales medidas.
Con los resultados en la mano, la jugada política de Cristina parece haber dado un efecto contundente. Se corrió del primer lugar de la fórmula, puso a Alberto Fernández de candidato para dar señal de apertura hacia adentro y afuera, sumó a casi todos los gobernadores peronistas, trajo de nuevo a otros emigrados como Sergio Massa y acertó en candidaturas clave como la de Axel Kicillof en Buenos Aires.
Con un espaldarazo que los deja a un paso de un triunfo nacional, lo que viene es seguir calibrando ese complejo equilibrio entre la jefa del espacio y dueña de una buena parte de los votos que va segunda en la fórmula y el candidato presidencial, puesto en ese lugar para conseguir –justamente– esos votos que a la líder le faltan para volver al poder.
Hasta acá, Alberto Fernández fue eficaz en las señales de autonomía, se plantó en el discurso de que él será quien manda y que no habrá otro divorcio con Cristina.
Las conjeturas que se harán a partir de ahora tendrán menos que ver con lo electoral y la campaña que con el ejercicio concreto del poder.
Está claro que no es un hecho natural en la política que el uno vaya de dos. Por eso, las conjeturas pasarán por la posibilidad de tres escenarios si en octubre se ratifica el triunfo de ayer: una sintonía plena entre el futuro presidente, su vice y los espacios que conforman la alianza; una sujeción del titular del Ejecutivo, devenido en un mandatario vicario, a los dictados de la jefa y vice; un intento de Fernández por imponerse como jefe y buscar aislar a Cristina. De las tres situaciones posibles, hay antecedentes históricos que los avalan.
Una buena parte de los votos son de Cristina, pero Alberto bien puede adjudicarse parte del diferencial que permitió el resultado contundente.
Lo que está claro es que, con el envión de las urnas de ayer, no sólo primará por ahora el clima de concordia y hasta de ampliación del Frente de Todos. En el triunfo, es más fácil ser amigos.
¿Otra cena?
Alberto Fernández saldrá a caminar el país para buscar a los pocos quedaron indefinidos en este proceso, y seguramente uno de los primeros viajes será a Córdoba. Juan Schiaretti dijo ayer que mantendrá la prescindencia, pero en el acto aclaró que su prioridad es llevarse bien con quien esté en la Rosada.
¿Se viene la cena entre Juan y Alberto?
De todos modos, en el oficialismo provincial insisten en que seguirán militando su boleta corta después de que ayer se superaron las expectativas iniciales de esa estrategia.
También, y pese al resultado cordobés, se allana el regreso de Cristina a Córdoba.
Lectores de resultados
Desde Santa Cruz, la líder del espacio se mostró moderada y cauta con un mensaje grabado.
La expresidenta debe decir si mantiene lo que ha sido una exitosa táctica de estar en segundo plano, con declaraciones medidas, atenta a la evolución de la salud de su hija en Cuba y ocupada en el devenir de los procesos judiciales que la involucran. En los tribunales, son especialistas como nadie en leer resultados electorales, y seguramente se encargarán de mandar señales de adaptación a los nuevos tiempos. Es su especialidad.
Lo que sigue para la campaña del Frente de Todos es todo viento a favor. En la victoria, la mayoría de las cosas se allanan. No hay nada que indique que esta vez sucederá lo contrario.

