Al relato se le estaría borrando otro párrafo
El kirchnerismo local ha ido quedando sucesivamente descolocado con respecto a la deuda que mantiene la Nación con Córdoba.
Justo anteanoche, en su debate en este diario con su contrincante electoral Oscar Aguad (UCR), la candidata kirchnerista en Córdoba, Carolina Scotto, dio por sentado en una de sus intervenciones que "Córdoba no armonizó" su legislación previsional con la Nación y que eso justifica la deuda que la Administración Nacional de la Seguridad Social mantiene con la Caja de Jubilaciones cordobesa. Es el latiguillo que dictó el kirchnerismo nacional hace más de dos años para explicar su incumplimiento y que sus seguidores locales repitieron desde entonces. Hasta anteanoche.Ayer, un cable de la agencia estatal Télam meticulosamente difundido también por la presidencia, da por sentado lo contrario: luego de dos años y medio la Nación estaría reconociendo la validez del reclamo cordobés. Es tan ambigua la información que no se sabe si es porque de pronto los funcionarios nacionales han pasado a considerar que Córdoba sí "armonizó" (es decir, hizo el ajuste previsional que la Nación reclamó) o si es porque se anticipan a una derrota judicial en la Corte Suprema, a la que la Provincia se vio obligada a acudir.El kirchnerismo local ha ido quedando sucesivamente descolocado. El jefe de campaña de Scotto, Martín Fresneda –hoy secretario de Derechos Humanos de la Nación– es el caso más notorio. Empezó defendiendo a estatales cordobeses que provocaron daños en la Legislatura al protestar contra un ajuste disfrazado de "armonización" que exigía Anses. Después asumió al frente de la delegación cordobesa de la Anses, que acusaba a la Provincia de no ajustar lo suficiente. Ahora, el poder que lo designó jefe de campaña podría estar admitiendo que la armonización se hizo, al menos en su mayor parte.La diputada kirchnerista por Córdoba Carmen Nebreda también se enredó en la cuadratura del círculo. Su gremio docente rechazaba la "armonización", mientras ella la avalaba en el Congreso, donde, además, nunca levantó la voz contra el incumplimiento de la Nación.No es el único párrafo del relato K que viene siendo reescrito. El modelo "competitivo de matriz industrial diversificada con inclusión social ascendente" ya perdió un adjetivo ("competitivo") a manos de la inflación perenne. El horror ante la posibilidad de tomar deudas se relajó hace unas semanas ante el Banco Mundial. Ante la caída de reservas, cualquier dogma se desploma, parece. El corte de mangas a empresas demandantes en el Ciadi trocó hace poco en el pago de sentencias de ese tribunal. La idea de cambiar el domicilio de pago de los bonos argentinos ante una sentencia desfavorable de un juez de Nueva York –expresada por la Presidenta en un discurso por cadena nacional– desapareció de los lugares que solía frecuentar. Aldo Ferrer, el mayor inspirador de la sustitución de importaciones, acaba de decir, lo más suelto, que, efectivamente, ese esquema siempre deriva en una restricción de divisas como la que experimenta hoy el país (lo hubiera dicho antes, ¿no?), y que, ahora, esa caída de reservas está alentada, además, por el déficit comercial externo energético, a cuya creación él mismo contribuyó mientras presidió Enarsa.El discurso K también debió eliminar de su "Manual para combatir la inflación" la interminable serie de fracasos de Guillermo Moreno (control de precios, acuerdos de precios, tarjeta Supercard, Mirar para Cuidar). Parecían creer con fervor en esas recetas. Pero ahora ya ni siquiera la oposición encuentra divertido mencionarlas.Hay más ejemplos. Pero no entran en una sola columna. Sepan disculpar.

