Adiós al país del relato
La libretada década ganada fue la época dorada donde se enriquecieron los más ricos.
Si se comparan las dos últimas aperturas legislativas en el Congreso de la Nación, cualquier ciudadano de a pie pensaría que Argentina es un territorio del mapa de América latina que contiene –a lo largo y a lo ancho– dos países distintos, con dos perspectivas diferentes, con realidades contrapuestas y con expectativas desiguales. Pero lo cierto es que hablamos de un mismo país. La diferencia radica en que el 1º de marzo de 2015, la versión de país que llegó por cadena nacional nada tenía que ver con la realidad. Es que se trataba de la Argentina del relato; del padecimiento y las culpas de los otros; de los medios de prensa "golpistas"; de los opositores que destruían; de la mezquindad de los trabajadores que se quejaban por Ganancias, y de los empresarios y productores que no liquidaban sus productos, entre otras cuestiones.Hace un año nos explicaban –de forma maratónica, señalándonos con el dedo y a través de un madejal indescifrable de números– que en nuestro país las cosas eran "blanco" o "negro" y que cualquier matiz o punto intermedio era, lisa y llanamente, una conspiración que atentaba contra los objetivos de la patria y el gobierno.Todos sabemos que la realidad se puede observar y apreciar desde distintos lugares. Pero también está clara una cosa: hay cuestiones innegables que estaban y están a la vista de todos, como la inflación heredada; la inseguridad (que no era sólo una sensación); el narcotráfico y la delincuencia; la desinversión en materia energética; la corrupción, y muchísimas cosas más que podría seguir enumerando.Es que estábamos en la denominada y libretada "década ganada". Esa época dorada donde se enriquecieron los más ricos. Y donde se pretendió condenar a la pobreza a los que menos tienen, a través de una brillante herramienta de inclusión como son los planes sociales.La diferencia entre las dos últimas aperturas legislativas no sólo está en los interlocutores, sino en el valor de las palabras: "Yo les voy a decir la verdad", "el Estado fue obstáculo y no estímulo", "se camufló el desempleo con el empleo público", "la pobreza es del 26% y la indigencia es del 6%", "la corrupción no puede quedar impune" o "fortalecer la independencia de la Justicia" son algunas de las expresiones que marcan una sustancial diferencia en la manera de interpretar los roles y las responsabilidades que tiene el Estado para con nosotros, los ciudadanos.El respeto, la tolerancia, el diálogo y la igualdad de oportunidades son los armonizadores sociales que el país ya empezó a rescatar y que son vitales para que comencemos a recuperar los valores fundamentales que hacen a la vida saludable de una nación.De una buena vez por todas, hay que decirle adiós a la Argentina del relato. Y afrontar todos juntos, con trabajo y esfuerzo, la realidad que otros nos quisieron esconder bajo la alfombra.

