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Política

Aniversario. A 44 años del día en que el movimiento obrero desafió a la dictadura

El 30 de marzo de 1982, tres días antes del desembarco en las Islas Malvinas, la CGT nacional liderada por Saúl Ubaldini convocó a una movilización, bajo el lema: "Paz, pan y trabajo". En Córdoba se recuerda una jornada marcada por un fuerte despliegue y represión militar, que no logró acallar la resistencia contra la dictadura.

30 de marzo de 2026, 20:51
A 44 años del día en que el movimiento obrero desafió a la dictadura
El 30 de abril de 1981, impulsada por la CGT que conducía Saúl Ubaldini, se realizó una masiva movilización contra la dictadura, bajo la consigna: "Paz, pan y trabajo". (La Voz / Archivo)

El ruido de los motores dominaba el centro de la ciudad de Córdoba. No eran colectivos ni autos particulares: eran columnas del Tercer Cuerpo de Ejército que avanzaban, lentas pero intimidantes, por las calles de una ciudad acostumbrada a la protesta, pero atravesada entonces por el miedo. Fue el 30 de marzo de 1982 y, aunque la Plaza de Mayo concentraba las miradas del país, en la capital cordobesa también se libró una batalla silenciosa entre el temor impuesto por la dictadura y la voluntad de los trabajadores de resistir al poder militar.

Aquel día no fue uno más. Fue la expresión más contundente de un proceso que venía gestándose en los últimos dos años, en las entrañas de un movimiento obrero golpeado, fragmentado y perseguido desde el golpe del 24 de marzo de 1976. Fue el comienzo de la dictadura más sangrienta de la historia, del cual hace pocos días se cumplieron 50 años.

Los sindicatos fueron intervenidos, sus dirigentes encarcelados, desaparecidos o asesinados, y cualquier intento de organización estaba prohibido. Sin embargo, la resistencia nunca desapareció del todo, pese a la violencia que impuso la dictadura.

A partir de 1980, cuando la crisis económica comenzó a hacerse sentir con más crudeza –cierres de fábricas, pérdida del empleo, caída del salario real–, el malestar social empezó a filtrarse incluso en los márgenes de la represión.

En ese contexto, el sindicalismo comenzó a reorganizarse, cuando la dictadura ya daba indicios de agotamiento. No sin tensiones: mientras un sector buscaba canales de diálogo con el régimen, otro apostaba abiertamente a la confrontación.

Ese segundo espacio, encabezado por Saúl Ubaldini, fue el que terminaría marcando el pulso de la época.

Ya en 1979 había impulsado el primer paro general contra la dictadura, una acción que, aunque no paralizó completamente al país, tuvo un valor simbólico enorme: por primera vez desde el golpe de Estado, amplios sectores de la sociedad se animaban a expresar su rechazo al régimen.

La tensión fue en aumento. En noviembre de 1981, una nueva huelga general volvió a poner en evidencia que la dictadura ya no controlaba todos los resortes de la vida social. Bajo la consigna “Paz, pan y trabajo”, miles de trabajadores comenzaron a reagruparse, a recuperar la calle, a desafiar el silencio impuesto.

Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, líder de la UOM, algunos de los referentes gremiales que encabezaron la movilización del 30 de marzo de 1982, en la Plaza de Mayo. (La Voz / Archivo)
Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, líder de la UOM, algunos de los referentes gremiales que encabezaron la movilización del 30 de marzo de 1982, en la Plaza de Mayo. (La Voz / Archivo) (La Voz / Archivo)

Fue el 30 de marzo de 1982 cuando esa acumulación de resistencia encontró su punto más alto, con la misma consigna que hacía un tiempo se impulsaba desde la CGT nacional.

Aunque en aquel momento sólo había trascendidos, el gobierno dictatorial del presidente Leopoldo Fortunato Galtieri ya había puesto en marcha el operativo para desembarcar en las Islas Malvinas, que se produjo tres días después de la masiva protesta del sindicalismo.

Convocada por la CGT que lideraba Ubaldini, la movilización tuvo como epicentro la Plaza de Mayo, donde cerca de 50 mil trabajadores y jóvenes confluyeron en lo que fue, en los hechos, una huelga política masiva y contundente.

La respuesta del gobierno militar fue cruenta: hubo un operativo represivo, con detenciones masivas, golpes y una violencia que dejó al descubierto el desgaste de un régimen que comenzaba a resquebrajarse.

Durante seis horas, el centro porteño fue escenario de enfrentamientos. La represión no logró, sin embargo, contener del todo la protesta.

Desde balcones y oficinas, empleados y vecinos se sumaban arrojando objetos contra las fuerzas de seguridad. La protesta se multiplicaba, se desbordaba.

Hubo una fuerte represión de la dictadura militar en la Plaza de Mayo. Un sindicalista fue asesinado frente al Cabildo. (La Voz / Archivo)
Hubo una fuerte represión de la dictadura militar en la Plaza de Mayo. Un sindicalista fue asesinado frente al Cabildo. (La Voz / Archivo) (La Voz / Archivo)

En la represión en Plaza de Mayo, frente al Cabildo fue asesinado el obrero mecánico Dalmiro Flores. Mientras que en Mendoza, fue asesinado el dirigente del gremio textil, José Benedicto Ortiz

Reflejo en el interior

En Mendoza, Rosario, Neuquén, Mar del Plata y Tucumán también hubo movilizaciones y detenciones. Además, del saldo trágico de dos trabajadores asesinados mencionados, se estima que hubo miles de detenidos en todo el país, aunque no hubo cifras oficiales.

Córdoba, por su historia de luchas obreras y estudiantiles, era una preocupación central para para dictadura, en aquel contexto de clima de resistencia social. La memoria del Cordobazo (29 de mayo de 1969) todavía latía en las estructuras del poder militar.

Por eso, en la capital cordobesa la respuesta fue preventiva y contundente: patrullajes permanentes, columnas de vehículos militares recorriendo el centro y un despliegue que buscaba disuadir cualquier intento de concentración.

Esa presencia intimidante y amenazante de los militares en las calles en Córdoba generó que la movilización no fuera masiva como en Capital Federal, Rosario y Mendoza, por ejemplo. Pero eso no significó que no haya habido resistencia. La ciudad vivió la jornada en estado de tensión permanente.

Los trabajadores, los empleados públicos, los estudiantes cordobeses, sabían lo que estaba ocurriendo en Buenos Aires y en el resto del país. Y también sabían que cualquier intento de replicarlo podía tener consecuencias inmediatas.

Sin embargo, los militares no lograron silenciar un clamor que ya era social. En las calles cordobesas, en las fábricas, en las oficinas, en los bares, comenzaban a escucharse –cada vez con más fuerza– las consignas que marcaban el pulso de aquella época: “Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar...”.

No era solo una consigna. Era una certeza que empezaba a tomar forma en Córdoba y en todo el país.

Las masivas movilizaciones obreras de aquel 30 de marzo de 1982 no derribó a la dictadura de Galtieri. De hechos, pocos días después, la histórica Plaza de Mayo se colmó para festejar la recuperación de las Malvinas, pero aquellas protestas fueron un punto de inflexión para la dictadura.

Mostró que el miedo ya no era suficiente para garantizar la pasividad social. Que el movimiento obrero, aun golpeado, seguía siendo un actor central. Y que la sociedad argentina estaba comenzando a perderle el terror al poder militar.

A 44 años de aquella jornada, en el sindicalismo cordobés se la recuerda como un mojón de resistencia contra la dictadura, pese a la represión.

Aquel 30 de marzo, donde el silencio parecía imponerse, algo había empezado a cambiar en Córdoba y en todo el país.

El 10 de diciembre de 1983, Raúl Alfonsín asumía la presidencia para poner fin a décadas de gobiernos democráticos débiles, amenazados por el poder militar.

A 44 años de la aquella primera protesta obrera multitudinaria contra la dictadura, el país padece los vaivenes de la economía por errores de los distintos gobiernos democrático, pero con una consigna de hierro que se mantiene y que se recordó el 24 de marzo pasado, al cumplirse 50 años del golpe de 1976: "Más que nunca, Nunca Más"