¿Y si probamos con Dios?
En este tiempo de tanta violencia, que podamos encontrarnos con la paz de Dios y veremos así grandes cambios.
Es tremendo el modo en que la violencia avanza en nuestra sociedad. Hay quienes se preocupan día a día para conseguir que se detenga. Excelentes profesionales asisten a los medios de comunicación y a diferentes encuentros y conferencias para tratar este tema, y esto es loable.
Pero la realidad demuestra que, a pesar de todos los esfuerzos, la violencia en vez de disminuir aumenta, particularmente la violencia de género.
Cada vez hay más mujeres que son víctimas indefensas del odio anidado en el corazón de hombres insensibles, y cada vez hay más muertes. De manera que si llegamos a la conclusión de que es imposible erradicar la violencia del corazón del ser humano, nos hacemos entonces la pregunta que titula esta columna: “¿Y si probamos con Dios?”.
Si la violencia engendra violencia, podemos decir que la paz engendra paz. Cuando Dios entra en el corazón del hombre, se produce en su interior una transformación humanamente difícil de explicar. Aparece, entonces, la paz de Dios, que es el mejor antídoto contra la violencia.
Esa paz es espiritual, y cuando el hombre la obtiene, deja de maltratar, de pegar y hasta de matar. Los cristianos sabemos que recibir a Cristo en nuestros corazones es experimentar esa paz cuando aceptamos la salvación que él nos ofrece.
En la comunidad evangélica, tenemos muchos casos de quienes, al entregar sus vidas a Cristo, experimentaron que la violencia se transformó en paz, y entonces hubo grandes cambios en su personalidad, lo cual les posibilitó vivir una vida saludable en su relación con los demás.
Son casos concretos que conocemos, tienen nombre y apellido. Creo que cuando una sociedad se aparta de Dios y lo ningunea, aparecen conductas que rompen el tejido social y se sufren las consecuencias. Las pruebas de esto están a la vista. El profeta Isaías dice: “Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías, 55-6). Acerquémonos a Dios y viviremos en una sociedad en paz.
No hay política, ni economía, ni ninguna ley humana que pueda transformar el corazón del hombre, sólo Dios puede hacerlo y nadie más. En este tiempo de tanta violencia, que podamos encontrarnos con la paz de Dios y veremos así grandes cambios. Dios te bendiga.
* Pastor evangélico, miembro del Comipaz

